miércoles, 19 de agosto de 2015
CAPITULO 132
Ella se quedó mirándolo sintiéndose completamente perdida en esos maravillosos ojos azules, tan liviana y libre que podía asegurar que flotaba, sentía como poco a poco Pedro la envolvía en esa magia que desbordaba, la misma que la había cautivado años atrás, quiso recapacitar y aferrarse a algo seguro, pero lo único que podían tocar sus manos era a él, lo único que podían ver sus ojos era a él.
Sentía todo su cuerpo vibrar ligeramente ante las emociones que iba despertando, quería responderle, pero no encontraba su voz, no podía hacer nada más que mirarlo y sentir que el tiempo se detenía creando un instante perfecto, uno que deseaba fuera eterno.
Él recorría con su mirada el hermoso rostro de Paula, aferrándose a la poca cordura que le quedaba para no amarrarla en un abrazo y saciar sus deseos desesperados de besarla.
La música cesó y ellos se quedaron allí como detenidos en el tiempo, en medio de las parejas que aplaudían el desempeño de la agrupación. Paula sabía que debía alejarse, que debía hacerlo en ese momento antes que fuera demasiado tarde o terminaría haciendo algo que lamentaría más adelante, luchó contra su cuerpo que le pedía a gritos permanecer entre los brazos de Pedro, se obligó a dejar de mirarlo y despacio deslizó la mano que tenían en la espalda de él, se disponía a liberarse de la otra cuando se lo impidió, ella le suplicó con la mirada que la dejara ir Pedro se sintió como un estúpido por presionarla de esa manera, pero no quería separarse de ella, no después de tantos años lejos, de lágrimas, dolores y ausencia, ya no quería seguir esperando, la necesitaba y debía tenerla, deseaba recuperarla. El miedo en la mirada de Paula se hizo casi palpable y cedió aun contra su voluntad.
—Necesito que hablemos a solas —lo hizo en italiano para que nadie más pudiera entenderlos.
—Lo sé… pero no podemos ahora…—decía cuando él la detuvo.
—Tiene que ser esta noche, no voy a esperar más… por favor, Paula —le pidió con la voz ronca por el cúmulo de emociones que lo embargaban.
—Buscaré el momento… te lo prometo —contestó mirándolo a los ojos y esta vez no podía ocultar que temblaba.
Él asintió en silencio y antes de soltar la mano de la escritora de entre la suya, se la llevó a los labios y le dio un suave y prologado beso en ésta mientras la miraba directamente a los ojos, para confirmarle que confiaba en su palabra y también para aliviar un poco la frustración de no poder besarla en los labios como tanto deseaba. Ella asintió en silencio liberando un suspiro ante el gesto de él y reafirmándole una vez más que cumpliría con su promesa.
CAPITULO 131
Minutos después ya todos se encontraban en la mesa, aunque Paula y Pedro hubiesen deseado seguir juntos como minutos atrás, no pudieron hacerlo, ella tuvo que ocupar el asiento junto a Guillermo y a él no le quedó más remedio que hacerlo junto a Kimberly. Ambos fingían que escuchaban la conversación en la mesa, pero se encontraban muy lejos de allí, llevados por las emociones que los recorrían y los recuerdos que los colmaban.
La atención de todos fue captada una vez más por el anfitrión de la velada quien esta vez anunciaba a la famosa agrupación Bon Jovi, como era de esperarse el público estalló en aplausos cuando la misma se hizo presente, evidentemente era una de las consentidas de Hollywood, de inmediato el cantante se adueñó del escenario interpretando algunas de sus canciones más famosas, entre las cuales por supuesto se encontraban la infaltable Always.
—¿Puede haber algo más cursi y masoquista que esa canción?—le preguntó Lisandro a su hermano.
Lo hizo en italiano y usando un tono de voz bajo para que los demás que parecían adorar la canción, pues la cantaban como si se tratase del himno nacional, no lo sacrificaran allí mismo.
Pedro que no la seguía en voz alta pero si en su mente, solo dejó ver media sonrisa ante el comentario de su hermano, pues debía admitir que tenía razón, la letra era todo lo que había dicho, solo que así se sentía el amor y él lo sabía muy bien, ya que desde que la misma empezara, prácticamente se la estaba dedicando a Paula y ella lo descubrió cuando sus miradas se encontraron a mitad del coro.
—Espera un momento… ¿A ti también te gusta? —inquirió de nuevo mirándolo sin poder ocultar su asombro.
—Es buena…—contestó simplemente, sin apartar su mirada de Paula, mientras la banda hacía un solo de guitarra para entrar a la parte más emotiva de la misma.
—Por supuesto, si deseas utilizarla para cortarte las venas Romeo —confirmó con media sonrisa, pero sin salir de su sorpresa.
Paula escuchaba la conversación de los hermanos y la entendía perfectamente, por lo cual dejó ver una sonrisa ante los comentarios de Lisandro, él era exactamente igual a como lo había descrito Pedro cuando hablaron de sus familias estando en la Toscana; divertido, relajado, un adolescente encerrado en el cuerpo de un hombre adulto.
Se volvió para mirarlos y el actor puso los ojos en blanco para que ella supiese que sabía perfectamente lo que pensaba.
La sonrisa en ella se hizo más amplia y hermosa, llegando hasta sus ojos, lo vio responderle de igual manera, su pecho se llenó de calidez y no pudo evitar recordar cuánto amaba verlo sonreír.
La letra de la canción hizo que la mirada de Pedro se llenara de intensidad y esbozara la petición que sus labios no podían hacer en ese momento. Paula sintió su corazón lanzarse a cabalgar desbocado dentro de su pecho, golpeando con tanta fuerza que le agradecía a Jhon por tener esa fuerza vocal, y evitar que todo el mundo allí escuchase sus latidos; se llenó de miedo ante lo que su propia mirada podía responder y la bajó, esquivando la de él.
Pedro dejó libre un suspiro sin preocuparse siquiera por hacerlo en silencio, preguntándose por qué todo tenía que ser tan complicado, por qué ella no terminaba de dejarle ver que se encontraba de la misma manera, deseando tenerlo cerca, que también se moría por estar junto a él, por besarlo, tanto como él la deseaba a ella. ¿O acaso ya no sentía lo mismo? Se cuestionaba llenándose de dudas, pero la voz de su madre pidiéndole paciencia y comprensión lo hizo sentirse confiado.
Sin embargo, no se lo estaban poniendo nada fácil, sobre todo el aventajado de Guillermo Reynolds hijo, que se había instalado al lado de Paula y parecía una sombra tras ella, le sonreía y la miraba como si ella estuviese allí solamente para él, para entretenerlo, apenas tenía horas conociéndolo y ya sentía que lo detestaba.
El grado de tensión llegó a su punto máximo cuando lo vio colocar el brazo por encima del espaldar de la silla que ocupaba Paula, tuvo que hacer acopio de todo su autocontrol para no levantarse y alejarlo de allí de un empujón, pues podía ver que la incomodaba o al menos eso deseaba creer él.
Las notas de una nueva canción inundaron el lugar, esta vez fue la no menos famosa Bed of Roses y una vez más el público estallaba en aplausos y vítores para la famosa agrupación, para después seguirla acompañando a Jon, quien disfrutaba compartiendo con ellos.
—Bueno ésta al menos está mejor, me gusta más… sobre todo por lo de la rubia —esbozó Lisandro de nuevo.
—Sí, seguramente se la cantas a Vittoria cada vez que regresas de un viaje —comentó el castaño con sarcasmo.
—Pues no, la verdad no lo he hecho, pero saltándome algunas partes, bien podría hacerlo — respondió con picardía.
Pedro solo negó en silencio y volvió a sonreír, Lisandro tenía el poder de mejorar su humor en cuestión de minutos, aun así seguía tenso por la cercanía que tenían Paula y el rubio, se devanaba los sesos intentando encontrar la manera de separar a ese hombre de ella, pero no encontraba ninguna que no fuese tan obvia como para terminar suscitando comentarios entre los presentes. Sabía que su acto al entregarle a ella el contrato en lugar de a Martha Wilson no había pasado desapercibido por ninguno y no quería hacer algo más que perjudicara a Paula.
Se encontraba en medio de esas cavilaciones cuando vio que el cantante bajaba y se acercaba hasta la mesa donde se encontraba todo el equipo de producción, su corazón se cerró en un puño y comenzó a golpear contra sus costillas.
Él conocía perfectamente esa rutina, había ido a dos
conciertos de la agrupación y sabía con qué propósito se había bajado Jon Bon Jovi del escenario, ahora lo que no deseaba imaginarse era cuál sería su objetivo en esa mesa.
¡Maldita sea! ¿Me puede estar pasando esto a mí?
Se preguntó en pensamientos cuando el hombre le extendió la mano a Paula con una gran sonrisa y ella se quedó petrificada mirándolo sin poder creer lo que el músico le pedía, sabía que ella también conocía la rutina pues era fan de la banda. Sin embargo, el alivio lo golpeó de lleno cuando vio que quien la recibía era Jaqueline Hudson que se encontraba al lado de la castaña.
—Jon no seas malvado, sabes que ella está comprometida —mencionó la rubia mientras sonreía.
Comenzó a bailar con el cantante que sonreía con picardía y como era de esperarse después de un minuto le daba un beso en los labios, ella lo recibió feliz y fue guiada de regreso por Jon a la mesa.
El cantante antes de alejarse posó una rodilla en el suelo y miró a Paula a los ojos mientras le dedicaba el coro, ella sonreía sintiéndose nerviosa y halagada, sorprendiéndose cuando sintió el beso en su mejilla, se animó y le entregó uno también para después sonreírle.
Pedro sintió que lo había pateado en las pelotas al ver ese intercambio, le importaba un carajo que fuera una simple puesta en escena, Paula era suya y lo jodía que alguien más se creyera con derecho a coquetearle de manera tan descarada. Pero, lo alivió descubrir que Guillermo Reynolds también mostraba cierta incomodidad por la osadía que había mostrado el músico. Eso apenas empezaba, así que tragara bilis desde ya, porque el próximo golpe se lo daría él.
Se dejó de rodeos y juegos de niños, jamás le había preocupado mucho los rumores que se podían crear a su alrededor y si por lo que estaba a punto de hacer encendía la llama, bueno que fuese de una vez por todas, igual él había llegado hasta ahí con el objetivo de reconquistar a Paula y eso haría, así que tarde o temprano los medios se iban a enterar de ello y también el equipo con el cual trabajarían, bueno entonces que fuera desde ese momento, antes que otro llegase a querer quitarle a su mujer frente a sus ojos. Las notas de la siguiente canción empezaron a sonar y por la melodía de las mismas supo que sería la adecuada, sin siquiera analizarlo se colocó de pie.
—Señorita Chaves, ¿sería tan amable de bailar conmigo? —le pidió mirándola a los ojos y extendiéndole la mano.
Tal como predijo la bomba estalló, al menos en su mesa, todos los presentes clavaron sus ojos en él primero y después en ella a la espera de una respuesta.
Paula no podía creer que Pedro se estuviera arriesgando de esa manera ¿acaso se había vuelto loco? ¿O cuántas copas de champagne había tomado? Se preguntaba mirando la mano del actor frente a ella. Esta vez Jaqueline no salió en su auxilio, así que elevó la mirada consciente que él esperaba, ese azul en los ojos de Pedro era tan hermoso y ella lo había extrañado tanto que le habían parecido siglos en lugar de años.
Una vez más su corazón y su cuerpo actuaban por ella, posó su mano sobre la de él quien la encerró de inmediato en la suya y despacio la ayudo a ponerse de pie, para luego salir hacia la pista de baile que para su fortuna estaba ocupada por varias parejas.
Jaqueline y Lucca cruzaron miradas e intentaron disimular lo que era evidente pero fue muy tarde para ocultar que ambos estaban al tanto del secreto que estos dos escondían. Ella no pudo ocultar su sonrisa de satisfacción ante el acto del italiano, empezaba a sentir que ese hombre le caía muy bien, no era de los que se quedaban en un rincón dando las cosas por seguras, no, él salía a defenderlas, a conquistarlas como buen romano que era.
—El escote en tu vestido no me permite tener un lugar decente donde colocar la mano —fue lo primero que le dijo él mientras sonreía y se ubicaba con ella en un espacio de la pista.
Ahora que podía verla de nuevo de cerca, como la tuvo minutos atrás en la sesión de fotografías no podía apartar sus ojos de ella, sentía como si hubieran pasado siglos en lugar de años y al mismo tiempo podía percibir que sus pieles se reconocían, la suavidad y la calidez que solo ella le había brindado estaba allí una vez más, la felicidad lo iba llenando de a poco, más al ser consciente que por ese pequeño instante Paula era suya de nuevo y el temblor de su cuerpo q le decía que ella se sentía igual.
—Culpa de ello a mi agente, fue quien lo escogió —respondió Paula sintiéndose aún aturdida, se esforzaba para que él no notara que estaba temblando o que su corazón parecía una locomotora.
Si el episodio anterior cuando posaron para las cámaras había sido una tortura para ella y había logrado la hazaña de no morir de deseo por Pedro, estaba segura que salir ilesa de ese baile sería casi un milagro. Su calor, su poderosa presencia, su voz, sus manos que parecían quemarla, todo en él la estaba llevando hacia un abismo.
—Tu manager empieza a caerme bien… —respondió de manera casual, al tiempo que le dedicaba una sonrisa.
Con suavidad le acarició la espalda hasta posar su mano en la cintura, poco antes del final del escote, sintiendo cómo la calidez de sus pieles se mezclaba creando un fuego que empezó a inundar sus cuerpos, su necesidad por tocarla no había menguado en todos esos años, por el contrario se
había hecho más intensa. Paula suspiró y él por instinto y deseo la atrajo más a su cuerpo, dejando sus rostros muy cerca, sintiendo el suave aliento de ella en su cuello.
Paula podía sentir la respiración de él sobre su mejilla, podía sentir el calor que le brindaban sus manos, esa sensación de haber hecho eso tantas veces, de que fuese tan natural como lo era respirar, su mano también se deslizó por la espalda de Pedro sintiendo los músculos bajo la suave tela, esos a los que tantas veces se aferró mientras disfrutaba del extraordinario placer que solo él le había entregado. Sintió su cuerpo palpitar ante los recuerdos y tuvo que luchar para no morderse el labio, terminaría demostrándole a él cuánto la afectaba. Lo escuchó suspirar y su corazón comenzó a latir más de prisa y no se atrevía a verlo a los ojos, sabía que si lo hacía estaría perdida, no le importaría nada más que él, solo él y terminaría besándolo allí, en medio de todas esas personas.
—No había escuchado esta canción… —mencionó él prestando atención a la letra, sorprendido al ver cómo podía adecuar ese instante a la perfección.
—Yo sí… —respondió ella, había llegado a conocerlo tan bien que sabía por qué había hecho ese comentario.
—Es hermosa… ¿Cómo se llama? —le preguntó con la voz ronca por las emociones que lo invadían y buscó los ojos de Paula.
—Make a memory… —respondió ella sintiendo que el nudo en su garganta casi la ahogaba, eso la hizo tensarse por tener que contener lo que estaba sintiendo, quería abrazarlo y llorar de felicidad.
Pensó que nunca más lo vería y sufrió tanto por su ausencia que tenerlo allí era sencillamente abrumador, aún no podía creerlo y la letra de la canción solo removía más y más sentimientos dentro de su ser, estaba jugándose la cordura en ese instante.
Él lo notó de inmediato y apretó con suavidad la unión de sus manos para reconfortarla, atrapó con su mirada la de ella y le hizo saber que todo estaría bien, pidiéndole que no se derrumbase en ese momento y mientras luchaba con sus propias lágrimas y con esa emoción que estaba a punto de desbordarlo, el tiempo corría en su contra anunciándoles que debían hablar.
Pero ninguno de los dos sabía por dónde empezar y el silencio los arropó de nuevo, siguieron bailando y escuchando la canción, dejando que poco a poco la misma fuese despertando emociones dentro de ellos, llenándolos como si fuesen un recipiente que había permanecido vacío por mucho tiempo, demasiado a decir verdad.
—¿Quieres? —preguntó él mirándola a los ojos después de un minuto, entendiendo el significado completo de la letra.
—¿Qué? —contestó ella con otra pregunta y una mezcla de miedo y esperanza en la mirada.
—¿Recordar? ¿Robarte un poco de tiempo? ¿Quieres hacerlo junto a mí Paula? —inquirió, aunque era más una petición, una súplica, le estaba rogando por una oportunidad.
martes, 18 de agosto de 2015
CAPITULO 130
Guillermo Reynolds anunciaba a viva voz y lleno de satisfacción a todos, que Rendición era prácticamente un hecho, ya tenía protagonistas y locaciones, además que las grabaciones empezarían en pocas semanas, planeaban estar presentando la película a finales de año o inicios del
próximo, pues contaban con el mejor equipo del mundo para hacer que eso fuese posible.
—A nuestra querida señorita Kim Dawson, ustedes ya la conocen, es una de sus consentidas, ven aquí cariño —le pidió a la mujer mientras le extendía la mano y mostraba una gran sonrisa.
Ella por supuesto no se hizo esperar, caminó hasta él con ese andar grácil y desenvuelto que le daba el ser una de las estrellas del momento, llena de seguridad y elegancia se ubicó junto al presidente de la productora, recibiendo la mano que él le ofrecía con una espléndida sonrisa y después posó su mirada en la gran cantidad de reporteros que se habían apostado frente al escenario y comenzaron a tomarle fotografías junto a Guillermo Reynolds.
Paula sabía que al próximo en llamar sería a Pedro, así que le dedicó una sonrisa y le apretó suavemente la mano para llenarlo de confianza, después de eso desenlazó sus dedos despacio.
No quería separarse de él, pero sabía que debía hacerlo antes que las personas se volviesen hacia ambos y los viesen tomados de manos.
Él comprendió el gesto de ella, le dio las gracias con una mirada y también le dedicó una sonrisa, tuvo que luchar con todas sus fuerzas para no amarrarla en un abrazo y besarla hasta que sintiese que se llenaba el vacío que había dejado hacía tantos años atrás cuando se marchó dejándolo solo en la Toscana.
—Hermosa como siempre, ¿no es así? —preguntó Guillermo al público ante él, orgulloso de la mujer que tenía a su lado—. Pero también es mi deseo esta noche presentarles a un caballero, y estoy seguro que su nombre será el que encabezará los titulares de los diarios mañana, no solo aquí, también lo hará y con mucho orgullo en su natal Italia, por favor amigo acompáñanos —se volvió para invitarlo a unirse a ellos.
Pedro acortó la distancia con un andar seguro y elegante, su cuerpo erguido les demostraba a los demás que no había una pizca de nervios dentro de él, solo desbordaba arrogancia y sensualidad, como si se tratase de un exótico felino, vestido completamente de oscuro, traje Dolce y Gabbana azul marino, camisa y corbata de seda negra, contrastaban a la perfección con su piel blanca, sus ojos azul zafiro, sus rasgos estilizados y masculinos al mismo tiempo, tan perfecto, que no parecía real y que de inmediato atrajo todas las miradas.
Se detuvo al lado derecho de Guillermo Reynolds, dejándolo en medio de él y la actriz, para no restarle protagonismo, miró a las personas que lo veían llenos de curiosidad, como si fuese el espectáculo de un circo, pero se limitó a mostrar media sonrisa, ya estaba acostumbrado a que reaccionaran de ese modo.
El productor le dedicó una sonrisa amable, se le veía feliz ante las caras de desconcierto de todos los presentes, hizo un gesto con su mano para acallar un poco a la multitud que había colmado el lugar del sonido de sus murmullos, estos lo hicieron y él prosiguió.
—El señor que tengo a mi lado es una gran actor, un profesional de calidad, con trece años de carrera y que estoy seguro les dará mucho de qué hablar, permítanme presentarles a Pedro Alfonso… —hizo una pausa mientras el público detallaba al castaño y después de ello le colocó una mano en la espalda a él y a la actriz para acercarlos—. Damas y caballeros es un placer para mí traerles a Priscila Hamilton y Franco Donatti, los protagonistas de la versión cinematográfica de Rendición —finalizó con una sonrisa que casi dividía su rostro en dos.
El silencio solo duró un segundo, después de eso la ola de murmullos que se desató fue ensordecedora, los flashes de las cámaras comenzaron a dispararse dejando casi ciego a Pedro.
Tuvo que poner toda su concentración en mantener los ojos abiertos ante la avalancha de luces que se estrellaban en sus pupilas; apenas fue consciente cuando Guillermo Reynolds se retiró dejándolo junto a Kimberly Dawson, la mujer de inmediato pasó su brazo alrededor de su cintura y comenzó a posar para los fotógrafos. Él siguió con el mismo patrón y también rodeó la cintura de ella al tiempo que esbozaba una sonrisa, de esas que sabía derretían a las mujeres.
—Y por supuesto los encargados de crear la magia y hacer que este par queden completamente rendidos y enamorados, la señorita Paula Chaves y mi gran amigo el señor Thomas Whitman —enunció el hombre un par de minutos después llegando junto a ellos.
Paula dejó ver una sonrisa a todas luces forzada o al menos eso percibió Pedro, él sabía que ese comentario del productor no le había caído en gracia, pues a él tampoco, pero también era consciente que ambos estaban atados de manos y no podían hacer nada más que continuar con la actuación que los demás esperaban.
Sin embargo, y para darle el puesto que merecía, le hizo un lugar entre la actriz y su persona, pidiéndole con la mirada a Kimberly que hiciera lo mismo con el director para dar la imagen del perfecto equipo, la actriz era inteligente y comprendió su punto.
Los aplausos en el salón no se hicieron esperar y el hombre parecía que iba a reventar de orgullo, los años en ese negocio le habían enseñado que un producto debía mostrarse atractivo desde sus mismos inicios, debía crear expectativa en los demás, seducirlos hasta el punto que todos quisieran tener un poco, por ello había aceptado sin titubear a los protagonistas que habían quedado en el casting. No solo eran buenos actores, también eran de ese tipo que podía volver locos a hombres y mujeres por igual, así que tenía en sus manos la fórmula perfecta para crear una historia que todo el mundo quisiera ver, todo gracias al buen tino de su hijo mayor que no dejó de fastidiarlo hasta que logró que leyese la historia de Paula Chaves, y le propusiese hacer una película de la misma.
—Guillermo por favor… ven con nosotros —le pidió mirándolo y después habló de nuevo para el público—. No quiero quitarle méritos a nadie, así que les presento al mayor responsable de todo esto, mi querido hijo. Gracias a él nos encontramos hoy todos reunidos en este lugar, Rendición será su primer proyecto, desde ya la mejor de las suertes chico y disfruta de tu logro —mencionó aún más orgulloso.
El anuncio del hombre fue una sorpresa para muchos, pero sobre todo para Paula, ella pensaba que todo eso lo había hecho el padre y no éste. Se volvió a mirarlo y el rubio tenía una gran sonrisa y la vista en el público, pero al parecer sintió la suya, pues se volvió para verla haciendo el gesto más amplio. De pronto sintió como la mano de Pedro que se posaba en su espalda se tensaba y bajaba casi hasta su cadera apoyándola allí con posesión, la castaña se volvió a verlo un instante y aunque sonreía su mirada era seria.
Después de unas cuantas palabras más por parte del director y el dueño de la productora, culminó el anuncio y dieron paso a los músicos una vez más. El equipo de producción fue trasladado hasta la mesa que ocuparían esa noche para continuar disfrutando de la velada. A los periodistas se les dejó claro que ninguno de los actores estaba en libertad de dar declaraciones acerca del proyecto, no insistieron y solo se limitaron a pedir algunas fotografías.
—Es la primera vez que se causa tanto alboroto para el anuncio de unos protagónicos, es evidente que Guillermo está desesperado por hacer de Rendición la película más sonada desde ya —comentó Marcus de manera casual.
Viendo donde se encontraban el italiano y Kim Dawson, junto a Paula y Guillermo hijo posando para el lente de los periodistas, mientras que Thomas y el presidente de la productora ya estaban cazando posibles patrocinadores de la misma, eso era un negocio por donde lo viesen, solo esperaba que la inversión fuese retribuida.
—Él sabe lo que hace, no en vano The Planet es una de las productoras más grandes del país y se ha mantenido tantos años entre las más prestigiosas, todo se trata de publicidad y no olvides que Reynolds tiene una maestría en Harvard —expuso Martha, observando también el cuadro ante sus ojos. —Yo estoy segura que todos conseguiremos lo que deseamos con este proyecto, solo debemos enfocarnos a trabajar en equipo para conseguirlo —mencionó Jaqueline.
Sentía la amargura en el tono del productor, podía ser muy profesional, pero también un idiota cuando quería.
CAPITULO 129
Después de unos minutos todos se habían trasladado hasta la tarima en el centro del salón, la orquesta se había retirado para descansar y brindarle el espacio que Guillermo Reynolds necesitaba para pronunciar su discurso. Mientras Kimberly Dawson y todos los demás se mostraban felices y
haciendo gala de sus dotes de estrellas de Hollywood, Paula y Pedro sentían que los nervios hacían estragos en ambos.
Ella por la cercanía de él y por todo eso que solo ahora empezaba a comprender que era real, era como si estuviera despertando de un sueño y descubriese que el sueño seguía allí, la mezcla de sentimientos era tan grande que apenas podía definir unos cuantos, su corazón latía de prisa, sus manos estaban frías y sudaban, sus piernas temblaban y le estaba costando respirar, pero aun así mantenía su sonrisa, algo le decía que Pedro estaba igual, se encontraba junto a ella y la tensión que lo cubría era palpable.
Paula estaba en lo cierto, la situación no era muy distinta para Pedro, había pensado que estaba preparado para todo eso, pero la verdad era que no, solo se había lanzado confiando en el amor que Paula le tenía, sin analizar que su vida cambiaría por completo después que diese ese paso, sin ser consciente de hasta qué punto volvería a entrar a las fauces del lobo y esta vez un lobo mucho más voraz y peligroso que aquel que tuvo que enfrentar años atrás, cerró sus párpados un instante y pensó en su familia y todas las promesas que les había hecho.
—Pedro —esbozó ella muy bajo solo para que él escuchara, comprendió que había sido así cuando lo vio abrir los párpados—. Todo estará bien… va a salir bien —susurró mirándolo.
—Lo sé… —dijo él en el mismo tono viéndola a los ojos.
Aprovechando que todos se hallaban concentrados en el discurso de Reynolds, tomó la mano de Paula y entrelazó sus dedos con los de ella, sintiendo de inmediato que el miedo se esfumaba, la seguridad que su preciosa escritora le brindaba lo lanzó lejos de él.
—Tú estarás a mi lado y solo eso me basta para saber que todo estará bien… Tú me trajiste aquí Paula —confesó con la voz ronca y la mirada cargada de un brillo especial.
Una vez más todo desaparecía y solo quedaban ellos, ellos y ese amor que era imposible de ocultar, sus miradas lo gritaban, el toque de sus manos también y sus labios estuvieron a punto de esbozarlo, pero una vez más la burbuja había sido reventada y el momento había pasado dejándolos a la deriva.
CAPITULO 128
Se encaminó con ella dejando detrás a Pedro y Martha, para ser él quien los guiara al despacho de su padre. Cuando el italiano pudo apreciar el escote del vestido de Paula en todo su esplendor, la rabia que sentía por las libertades que se estaba tomando el americano fueron remplazadas de inmediato por un deseo contundente, dejó ver una sonrisa ladeada y curvó una ceja.
Pensó que después de todo no le había ido tan mal al quedar tras ellos, tenía la mejor vista de la que podía disfrutar esa noche y ni siquiera se esforzó por disimular, clavó su mirada en la espalda de Paula y más allá, deleitándose con el andar suave y sensual de ella, ese que era tan natural como hermoso y que él había visto infinidad de veces, incluso mejor que ese, pues él la había visto caminar así pero completamente desnuda y solo para su placer.
La reunión dentro del despacho de Guillermo Reynolds padre, se podría resumir como amena y enfocada al éxito que todos le deparaban a Rendición, el hombre se mostró complacido con el italiano y le hizo saber que había apreciado su trabajo en general, no solo las cintas de las audiciones, por lo tanto confiaba en su talento para darle vida al hombre que tenía a la mitad de las mujeres en el mundo rendidas a sus pies.
Pedro agradeció la confianza y la oportunidad, se sentía satisfecho con lo que había logrado en el plano profesional, debía reconocerlo. Pero su principal objetivo se encontraba también en ese salón y al parecer la magia de minutos atrás se había desvanecido de nuevo, Paula se mostraba cortés pero distante, lo que lo confundía y lo llenaba de frustración, se esforzó por mantener su actitud de hombre feliz, mientras a momentos la buscaba con la mirada para hacerle entender que debían hablar, que ya no podía seguir dándole largas a ese asunto.
Me estoy muriendo por besarte, por tocarte, tengo que hacerlo, tiene que ser hoy… ¡Por un demonio Paula mírame!
Así pasaron varios minutos hasta que el dueño de la casa envió por la actriz que compartiría el principal con él, deseaba tenerlos a los dos allí y darles un discurso antes de hacer su presentación oficial.
—Bueno señorita Chaves, aquí los tiene —mencionó el hombre colocándose de pie y avanzando hacia ellos cuando vio que Kimberly Dawson hacía entrada al lugar—. Su Priscila Hamilton y su Franco Donatti en persona —agregó con una gran sonrisa.
La de la actriz y la de todos los demás emularon la del hombre, a excepción de Paula y Pedro que apenas esbozaron una por cortesía, pues ambos eran conscientes que la realidad era otra y que esa mujer solo era una intrusa, lamentablemente era una que había entrado con permiso de todos y nada se podía hacer a esas alturas.
—¡Oh, Guillermo! Tú tan genial como siempre, será un placer trabajar de nuevo junto a ti y por supuesto con todo este maravilloso equipo que has creado, no podía ser de otra manera, siempre ofreces lo mejor —expuso mientras se acercaba a él para abrazarlo.
—Por supuesto hermosa, sabes que yo me caracterizo por la calidad, solo ésta da buenos resultados, muestra de ello es la cantidad de premios que hemos conseguido, los otros apuestan al azar, yo juego seguro y por eso he decidido llevar a Rendición a la gran pantalla. Estoy seguro que rebasará todo éxito conseguido hasta ahora, no le sorprenda Paula que el próximo año estemos siendo nominados para los premios de la academia —esbozó sonriente.
Era tal la seguridad que mostraba que tanto a Pedro como a Paula les pareció demasiado presuntuoso. Sin embargo, no pudieron evitar emocionarse ante esas palabras y hacerse ilusiones, él porque ella obtuviese el reconocimiento que merecía y ella porque la entrada de Pedro a ese mundo fuese por la puerta grande.
lunes, 17 de agosto de 2015
CAPITULO 127
Pedro había llegado a la fiesta minutos antes que Paula, pero su aparición apenas si causó algunos comentarios, eso no lo sorprendía y hasta esperaba algo así, él no tenía conocidos en ese lugar por lo tanto no tendría a nadie a quien saludar. Sin embargo, varias miradas se posaron en ellos, sobre todo entre las damas quienes se mostraron más interesadas en el trío, que el resto de los asistentes.
De inmediato su mirada recorrió el salón en busca de Paula, pero no logró dar con ella, así pasaron varios minutos, él fingía seguir la conversación casual que Lucca y su hermano llevaba, pero su vista nunca dejó de buscarla. Algunas personas pasaban a su lado y podía percibir el interés en sus miradas, pero ninguno se atrevía a acercarse para preguntarle algo y a él le resultaba mucho mejor así.
Al fin encontró a la causante de la mezcla de sentimientos que lo colmaban, notó que apenas estaba llegando a la fiesta, ya que la misma mujer que los recibió a ellos venía ahora con ella, su hermana y su agente. Las dejó junto al grupo de la producción que disfrutaban de la velada, vio a Paula sonreír de manera amable a cada uno y abrazar a las mujeres.
Lucía verdaderamente hermosa, no tenía nada que envidiarle a las demás mujeres presentes en ese lugar, por el contrario ella resaltaba entre todas, el vestido moldeaba su silueta a la perfección y sabía que no podía ser de otra forma, ella tenía el cuerpo más exquisito que hubiese visto nunca.
De pronto vio cómo su semblante cambiaba y los demás parecían apresurados en hablar sobre algo, pero ella ya no se veía como antes, ahora parecía otra mujer, su mirada y sus gestos evidenciaban que algo la había irritado y allí estaba de nuevo, esa fuerza y pasión que él conocía tan bien, podía ver cómo poco a poco se apoderaba de ella haciéndola lucir como tanto le gustaba.
Odiaba a la Paula sumisa, a la conformista, a la controlada, esa que le había mostrado desde que se vieron de nuevo, no era a esa a la que había venido a buscar, sino a la que justo en ese instante tenía ante sus ojos.
—Lucca, dame el contrato, ha llegado el momento de entregarlo.
La voz de Pedro sorprendió a sus acompañantes, quienes se habían concentrado en observar a los invitados en vista de lo poco comunicativo que estaba el actor, comprendían que él no pudiese hablar de nada que estuviese relacionado con la película y estando en ese lugar eran pocos los temas de conversación que podían tener, tampoco se aventuraban a hacerlo en italiano porque sabían que en cuanto alguien los escuchase no les sería difícil sacar conclusiones.
—Por supuesto… ¿Sucede algo? —preguntó intrigado, siguiendo la mirada del castaño y el lugar donde la tenía enfocada le dio la respuesta—. Al parecer están un poco tensos, quizás sea por tu causa —comentó para que Pedro estuviese preparado.
—Es probable, por ello no los haré esperar más —señaló sin mucho énfasis y dio un par de pasos cuando se detuvo en seco.
Al otro lado del salón sus ojos captaron a un hombre que miraba descaradamente a Paula, sabía perfectamente que era a ella pues el tipo estaba siendo muy evidente, además como cazador Pedro sabía perfectamente como reconocer a otro y ese hombre lo era, su lenguaje corporal se lo dejaba claro, pero estaba loco si pensaba que lo dejaría salirse con la suya.
Hasta el momento no se había percatado de ello pues toda su atención se había concentrado en Paula, pero cuando recorrió el salón con la mirada pudo ver que el rubio no era el único que tenía los ojos puestos sobre su mujer, muchos más también lo hacían y ni siquiera disimulaban. Eso hizo que una hoguera cobrara vida dentro de su pecho y retomó su marcha con paso decidido, se tensó aún más al ver que el hombre había llegado hasta ella y le ofrecía una copa de champagne sacando parte de su artillería, lo que no sabía era que él tenía una gran ventaja sobre él y sobre toda la cuerda de miserables que la deseaban; ella había sido suya y podía jurar que seguía siéndolo.
—Buenas noches —mencionó encontrándose cerca, de inmediato todas las miradas se posaron en él, pero la suya solo lo hizo en Paula, en ese lugar no existía nadie más para él.
—¡Señor Alfonso! Buenas noches… Es grato verlo otra vez.
—Digo lo mismo señora Wilson, es un placer encontrarlos a todos de nuevo —contestó desviando apenas la mirada—permítanme presentarles a mi hermano, a mi agente el señor Puccini ya lo conocen —indicó señalando a su acompañante.
—Encantado, Lisandro Alfonso—por cortesía saludó primero a la mujer que su hermano había nombrado, pero después de ello su mano buscó la de la escritora—. Señorita Chaves es un placer conocerla, permítame expresarle mi admiración no solo por su gran trabajo sino también por su belleza —dijo mostrando una sonrisa.
—Muchas gracias señor Alfonso, yo también estoy encantada de conocerlo —mencionó Paula recibiendo la mano del hermano de Pedro mientras se obligaba a no temblar.
Se sentía perturbada primero por la manera en la cual él había hecho acto de presencia y todo empeoró al ver que venía junto a su hermano, podía jurar que todo quedaría al descubierto en ese momento, pero para su fortuna o Lisandro Alfonso era tan buen actor como Pedro o no la había reconocido.
Pedro pudo ver cierta veta de miedo en la mirada de Paula cuando lo vio llegar y se sintió extrañado ante esa reacción, así como ese saludo tan mecánico que le había dado a Lisandro, esperaba que ella sintiera lo mismo que percibió él cuando se presentó ante Diana. Por el contrario, su hermano usó la misma estrategia que con todas las mujeres que conocía, halagar algo que fuese importante para ellas y después lanzarse con un cumplido, eso provocó que quisiera golpearlo por querer jugar al Casanova.
Paula estaba tajantemente prohibida para él y se lo hizo saber de manera sutil dedicándole una mirada, vio el desconcierto reflejado en su semblante, y cayó en cuenta que él no estaba al tanto de nada, ya después buscaría la manera de dejárselo claro. Uno a uno se fue presentando hasta que llegó el turno para el rubio quien antes que Lisandro lo hiciese, se dirigió al actor y le extendió la mano.
—Así que usted es el famoso Pedro Alfonso… —decía extendiéndole la mano, cuando él lo interrumpió.
—Famoso en mi país, porque aquí soy un completo desconocido como se habrá dado cuenta — esbozó dándole un apretón firme.
—Aquí es solo cuestión de tiempo, de horas diría yo… Pero soy consciente que en su país es una especie de ídolo de generaciones, catorce años siendo considerado uno de los mejores actores italianos supongo que no es algo sencillo de mantener, sin embargo usted lo ha conseguido —señaló
mirándolo a los ojos.
—Parece estar usted muy bien informado señor…—se detuvo para hacerle saber que aún no había dicho su nombre.
—Que descuido el mío, perdone no me he presentado, soy Guillermo Reynolds —dijo mostrando una amplia sonrisa.
La sorpresa se reflejó de inmediato en el rostro de Pedro, él no se había interesado en buscar información sobre el dueño de la productora que había comprado los derechos de Rendición, pero lo imaginaba completamente distinto al hombre que tenía ante él. Lucca que si lo había hecho miraba desconcertado al rubio que no debía tener más de treinta y cinco años, ese no era el Guillermo Reynolds que él conocía, se disponía a hablar cuando el rubio vio sus intenciones.
—Mi padre es el presidente de la productora, llevamos el mismo nombre y esto se presta a confusiones, pero cuando habla conmigo es como si lo estuviese haciendo con él, llevamos la misma pasión en las venas… Justo ahora le mencionaba a la señorita Chaves que acabo de llegar de su país y logré firmar un contrato con el señor Davide Codazzi para utilizar su propiedad como escenario para Rendición… Es un lugar realmente hermoso, en pleno corazón de la región de la Toscana… —decía cuando el italiano lo interrumpió.
—Conozco la propiedad de los Codazzi… —mencionó sin poder evitarlo al sentir que su rechazo hacia ese hombre crecía. ¿Cómo pretendía darle a él referencias sobre su propio país? vio cómo Paula bajaba la mirada y se tensaba, no deseaba incomodarla así que buscó la forma de aclarar su comentario—. Nuestros abuelos tienen una propiedad cerca, pero se dedican a la crianza de caballos, un negocio de generaciones que empezó desde hace dos siglos, un tío abuelo de mi padre era amante de los caballos pura sangre y logró sacar grandes cruces, pero esa es otra historia. Como le decía, he tenido la oportunidad de visitar la misma en algunas ocasiones y me parece un lugar perfecto —acotó de manera casual.
—Así que usted también lo ha visitado, que coincidencia la señorita Chaves también pasó una temporada allí hasta donde tengo entendido, contaremos entonces con dos personas que conocen bien la propiedad, eso es maravilloso —indicó Marcus con una rictus en los labios que se suponía era una sonrisa—. Aunque creo que me estoy adelantando a los hechos ya que usted no nos ha dado una respuesta aún —agregó intentando no mostrarse urgido por esta.
—Tiene razón, ha sido una actitud completamente desconsiderada de mi parte, les pido disculpas por ello, pero cuente con esas dos personas para guiarlos dentro de la propiedad de los Codazzi — contestó Pedro mirando al hombre, podía sentir que él no le caía bien, pero poco le importaba eso, el sentimiento comenzaba a ser mutuo, le mostró una sonrisa arrogante y después se volvió hacia
Paula—. Lucca, ¿podrías pasarme el contrato por favor? —pidió.
—Por supuesto, aquí lo tienes —respondió él entregándoselo.
—Gracias —mencionó recibiéndolo, sin siquiera mirar a su agente, pues no apartó su vista de la escritora—. Paula —la llamó y la mirada marrón encontró de inmediato la azul de él—. Será un placer trabajar con usted y ser su Franco Donatti, señorita Chaves—pronunció en un tono suave y sumamente atrayente, haciéndole entrega a ella del contrato y sorprendiendo a todos en el lugar.
Un silencio incómodo se apoderó de los presentes, Pedro debía entregarle el contrato a Martha pues era a quien le correspondía, no a la escritora, ella no tenía nada que ver con el casting, su participación en las audiciones solo era para dar su visto bueno a los candidatos y nada más. Una vez más Pedro estaba dejando claro que la opinión de ella era la única que realmente le interesaba, apenas si se inmutó ante las miradas que le dedicaban las demás personas, la suya estaba clavada en la dueña de su alma.
Paula sentía que su corazón latía demasiado de prisa, escuchar a Pedro llamarla por su nombre otra vez había sido como un detonante para que cientos de emociones estallaran dentro de su pecho, estaba conteniendo la respiración y temblando al mismo tiempo, su mirada no podía escapar de la de él, fue como si todo a su alrededor desapareciera y el tiempo se hubiera detenido.
Apenas notó cómo su mano salió en busca de la de él, se topó con la carpeta, pero la manera en como el actor sostenía la misma hizo que inevitablemente sus dedos se rozaran.
—Gracias —esbozó, su voz era igual de suave, un susurro.
Sus dedos temblaron ante el cálido roce con los de Pedro, una hermosa sonrisa se dibujó en sus labios cuando esa calidez subió por todo su cuerpo en cuestión de segundos y colmó su pecho, al tiempo que sus ojos se iluminaban. Él solo asintió en silencio, pero le regaló una sonrisa que llegó
hasta sus mágicos ojos azules, la misma sensación que había cubierto a Paula también lo envolvía a él, fue como si ese simple roce de pieles y el intercambio de palabras encerraran mucho más que el simple acuerdo que los demás creían, bueno al menos en su mayoría.
Jaqueline casi estaba que aplaudía ante la escena, sentía su corazón latir tan rápido, desbordando felicidad por su amiga, Paula estaba enamorada de ese hombre, podía empeñarse en negarlo una y otra vez, pero era evidente que aún lo amaba, nada más había que ver la forma en que se iluminó su mirada para descubrirlo; además debía resaltar la manera de proceder de Pedro Alfonso, si hasta a ella misma la había cautivado con esa declaración y el tono de voz que utilizó, había sido tan íntimo, tan sutil que tuvo que suprimir un suspiro para no parecer una quinceañera o arruinar la escena.
—Supongo… que esto quiere decir que ya tenemos protagonista de manera oficial —mencionó Patricia rompiendo el silencio.
Y por supuesto, también la burbuja que se había creado en torno a Paula y Pedro, ambos sintieron como si los acabasen de despertar de un sueño, uno muy placentero además. Ella se irguió dándose cuenta en ese momento que al parecer se había inclinado un poco hacia él, aún su corazón latía con mucha prisa y sus manos eran presa del temblor, respiró para llenar sus pulmones de nuevo, intentando hacerlo de manera disimulada y después de eso posó su mirada en la carpeta con el logo de The Planet.
—Aún no, todavía falta que Thomas y el señor Reynolds reciban el contrato y hagan el anuncio — señaló Marcus con su tono glacial.
—En ese caso, mi padre estará feliz de recibir el contrato en este preciso momento, creo que debería entregársela a Martha y que sea ella quien se la haga llegar. ¿No le parece Paula? — inquirió Guillermo mirándola mientras le sonreía.
La sonrisa se había desvanecido de los labios de Pedro cuando la guionista retomó la conversación, pero mantenía su felicidad interna al comprobar que no le era completamente indiferente a Paula. Sin embargo, cuando escuchó a ese hombre llamarla por su nombre de pila sintió que lo golpeaba en la cara, tensó la mandíbula y su mirada se volvió fiera.
Paula no se había percatado que aún mantenía la carpeta en sus manos, se encontraba abrumada por todas las sensaciones que la recorrían, apenada se la entregó a la encargada del casting.
—Por supuesto… perdón, toma Martha —mostraba una sonrisa amable que intentaba ocultar los nervios que sentía.
—No te preocupes Paula, bienvenido al equipo y a este proyecto señor Alfonso, ahora si no es mucha molestia le importaría acompañarme a ver al señor Reynolds por favor —pidió mirando con seriedad al joven. Se había sentido un poco dolida por cómo la ignoró entregándole la carpeta a Paula.
—Gracias Martha, será un placer acompañarla —contestó mirando a la mujer a los ojos, podía sentir la tensión en ella, así que le dedicó una sonrisa y le ofreció su brazo para compensarla por lo que había hecho. Antes de salir de allí miró a sus acompañantes y estaba por decir algo cuando su
hermano lo hizo.
—Ve tranquilo, nosotros seguiremos disfrutando de la velada —mencionó y le entregó una mirada que ambos conocían bien.
—Perfecto, nos vemos dentro de un rato, con su permiso —dijo observando una vez más a Paula.
—Esperen, nosotros también los acompañaremos, supongo que aún no ha saludado a mi padre, ¿no es así? —le preguntó a la escritora mientras le ofrecía su brazo.
—No, la verdad aún no he tenido la oportunidad… —contestó ella sin saber qué hacer ante el gesto del hombre.
Se sentía cohibida por la presencia de Pedro allí, pero una mirada fugaz a Jaqueline sirvió para que se decidiera, ella le había indicado de manera disimulada que aceptara la invitación de Reynolds.
—Permítame llevarla con él entonces para que pueda hacerlo, estoy seguro que estará feliz de verla —le dijo con una sonrisa.
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