viernes, 21 de agosto de 2015
CAPITULO 139
Pedro caminó hasta el mini bar y tomó una botella de agua de la nevera empotrada, debía tener la cabeza despejada para el interrogatorio que venía a continuación. Mientras veía a su hermano sentarse en uno de los sillones a la espera de toda su historia con Paula, era evidente que había descubierto quién era la misteriosa mujer que le había roto el corazón. Caminó hasta el ventanal para dejar que su vista se perdiera entre la oscuridad salpicada por millones de diminutas luces que podía apreciar desde allí, no le resultaba tan molesto estar a esa altura mientras no fuese consciente de la distancia que lo separaba del suelo, cerró los ojos y liberó un suspiro buscando las palabras para dar comienzo a su confesión.
—Estoy esperando —le hizo saber Lisandro impaciente.
—Lo sé… es imposible no sentir ese molesto golpeteo que haces con el pie y está a punto de hacer que te lance esta botella —contestó y sonrió al escuchar que se detenía.
—¿Ella es la chica que conociste en la Toscana? —inquirió Lisandro sin darle tiempo de dar más rodeos al asunto.
—Sí —contestó con un monosílabo sin mirarlo.
Lisandro ya esperaba una respuesta afirmativa a su pregunta, pero aun así la sorpresa lo dejó descolocado unos segundos, sobre todo cuando a su cabeza llegó la segunda pregunta que le haría a su hermano y la imagen de Paula Chaves acompañándola.
—Y ese libro… Rendición, no es algo ficticio que ella sacó de su cabeza sino la historia de ustedes dos, ¿cierto? —inquirió viendo la espalda de su hermano y era evidente que él cada vez se tensaba más.
—Con algunas variantes... pero es en esencia lo mismo —contestó y seguía mirando a través del ventanal mientras se preguntaba en qué rincón de esa ciudad se encontraba Paula.
—Claro… como por ejemplo la profesión de ambos, el motivo por el cual estabas allí, que quizás ella no lo sepa y por supuesto el final de la historia, tú nunca llegaste al aeropuerto a buscarla — mencionó con conocimiento de causa.
—Ella lo sabe todo, yo le conté porqué me encontraba allí.
Las palabras de Pedro lo sorprendieron aún más de lo que ya se encontraba, él había sido demasiado receloso con ese asunto, incluso a esas alturas su propia hermana Aliciaseguía ignorante del verdadero motivo que lo llevó a estar lejos por tanto tiempo.
—¡Cuánta confianza! Ella debió ser muy especial para que te abrieras de esa manera y le contaras todo de buenas a primeras, sobre todo tomando en cuenta que en ese tiempo ni siquiera a mí que te apoyaba en todo, me dijiste los problemas que te aquejaban y no me diste la oportunidad de ayudarte a salir de ese pozo de mierda… ¿sabes algo? No comprendo aún cómo pudiste mantenernos al margen y menos ahora cuando me dices que a una extraña a que apenas conocías sí le contaste todo —esbozó con rabia.
—Son dos situaciones muy distintas Lisandro… —intentó defenderse, pero su hermano no lo dejó.
—¡Claro que son muy distintas! Nosotros somos tu familia y merecíamos que fueras sincero… ella apenas estaba llegando a tu vida y no tuviste problemas para contarle todo. Alicia aún sigue con ese resentimiento porque no sabe la verdad y cree que tú solo te fuiste a vacacionar y te olvidaste de todos —decía realmente molesto.
—Alicia no entendería la situación y se sentiría decepcionada de mí, prefiero que se sienta molesta a que se entere que su hermano fue una gran mentira y que estuvo a punto de morir por adicto… eso sería mucho peor —mencionó con determinación y el dolor que esos recuerdos le provocaban, todavía después de todos los años que habían transcurrido seguía cargando con esa pena.
—Ella ya no es una niña, sabes que te comprendería y se sentiría mucho mejor sabiendo que le eres sincero. Pedro, Alicia siente que ya no confías en ella y eso es lo que le duele… por eso tampoco confía más en ti —acotó sintiéndose molesto.
Pedro se quedó en silencio observándolo con resentimiento y dolor, su hermano parecía tener un don para herirlo donde más le dolía, sabía que no lo hacía por mal sino para hacerlo
reaccionar, para recordarle lo que debía ser importante para él y quizás tenía razón con relación a Alicia, a lo mejor era hora que se sincerara con ella.
—Habla con nuestra hermana Pedro y cuéntale todo, dile lo que te motivó a irte dejando todo atrás… ella merece saberlo —bajó un poco el tono de su voz notando que sus palabras habían herido a Pedro, no quería abrirle viejas heridas, solo deseaba cuidar de él, pero a veces no sabía cómo, le hacía falta la delicadeza de su madre—. Bueno y tampoco te dije esto como un reproche, aunque sonase así, pero debes comprender que no es fácil para mí que creo saber todo de ti andar descubriendo una sorpresa tras otra —excusó su actitud.
—Tranquilo no hay problema, tienes razón en muchas cosas y soy consciente de ello Lisandro… pero no culpes a Paula de nada, ella solo me escuchó cuando lo necesité y sí, me resultó fácil hablarle de lo sucedido, pero porque sentía que no me juzgaría, después de todo ella no sufrió el daño que les causé a ustedes —contestó apenado y le esquivó la mirada.
—Bueno ya dejemos eso de lado, que no sé ni siquiera cómo llegamos aquí, la cuestión ahora es otra. Según el libro ustedes dos estaban enamorados y podría decir que todo lo que leí fue solo un juego de la imaginación de ella, si no te hubiera visto a ti confesarle a toda Italia que también la amaste, mi pregunta entonces sería ¿por qué se separaron y por qué ahora se tratan como dos extraños? —lo interrogó de nuevo, tenía demasiadas preguntas girando en su cabeza y no saldría de allí sin quedar satisfecho.
—Es algo complicado Lisandro —esbozó dejándole ver su cansancio, intentando escapar con eso del cuestionario.
—Sí, claro supongo que debió ser muy complicado para todos ustedes habernos visto la cara de idiotas. ¿Mi madre lo sabe verdad? ¿Es por ello que te apoyó desde el inicio para que vinieras al casting?
El reproche estaba impregnado en cada una de las palabras de Lisandro, sentía que conocía todo de su hermano y de la noche a la mañana le salía con algo como eso, no era justo. Ya le había pasado lo de aquella confesión que hizo en la entrevista de su amiga Beatrice, pero de allí a que estuviera haciendo todo eso y no le contara nada, no le dijera que la mujer en cuestión era la escritora de Rendición y que él venía a América para buscarla era demasiado.
—Nuestra madre sabe todo porque… —se interrumpió sin saber cómo continuar, pero vio la exigencia en la mirada de su hermano y dejó escapar un bufido que drenara la tensión que sentía, no le quedaba más remedio que continuar lo sabía—. Le conté todo cuando ella fue a la Toscana a buscarme. Paula y yo acabábamos de separarnos y me encontraba hecho mierda… sufriendo por ella y era demasiado evidente como para ocultárselo —calló apenado.
Recordó cómo lo consiguió su madre en aquella ocasión, había estado bebiendo dos días seguidos tendido en su cama que aún conservaba el olor de Paula, rodeado de las fotografías de ella que había guardado para él y llorando como un marica por una mujer que se marchó dejándolo sin siquiera mirarlo a la cara una última vez.
—Pero no me contaste a mí, se supone que además de hermanos somos amigos, que confiamos el uno en el otro y ya van muchas cosas que me ocultas Pedro, no te pido que me cuentes toda tu vida privada porque hay cosas que son solo tuyas, pero me jode que me excluyas de esta manera… a ver ¿Cuándo pensabas decirme el verdadero motivo por el cual estás aquí? Porque supongo que no es por la película sino por ella —indicó mirándolo a los ojos.
—Me daba lo mismo si conseguía el papel o no, mi principal interés es Paula, verla y poder hablar con ella era lo que realmente deseaba y hoy pude hacerlo —esbozó con una sonrisa.
—Y deduzco por tu cara que todo salió tal como esperabas… pero tengo una interrogante más o mejor dicho dos. ¿Sabes que ella tiene una pareja en estos momentos y que lleva dos años de relación con él? Al menos eso me dijo su hermana Diana —mencionó en tono serio, no quería hacerlo sentir mal pero debía dejarle claro cómo estaban las cosas con relación a Paula Chaves.
—Lo sé —contestó en un tono de voz que lo hizo parecer un perro rabioso, el comentario de su hermano fue como una patada justo a su entrepierna y le borró la sonrisa de un tajo.
—Bien, ¿y qué piensas hacer respecto a ello? —lo interrogó una vez más y lo miraba fijamente para que no se le escapara.
Sin embargo, Pedro se puso de pie y se alejó de él una vez más caminando hacia el ventanal, mientras se masajeaba la nuca con una mano, buscando de nuevo entre los millones de luces aquella que estuviera iluminando a Paula en ese instante, dejó escapar un pesado suspiro y habló para darle respuesta a su hermano.
—Paula aún me ama, pude sentirlo esta noche Lisandro… ella al igual que yo no ha conseguido olvidar este sentimiento que nos une, precisamente por ello escribió ese libro, porque a lo mejor necesitaba hacérmelo saber y no encontró otra manera de hacerlo —se volvió para mirarlo sintiéndose confiado en lo que sentía.
—Puede que eso sea cierto, pero aún queda el novio… ella tiene un compromiso —decía cuando el actor lo detuvo.
—Paula no lo mencionó en ningún momento y además si ellos todavía estuvieran juntos, ¿dónde estaba él hoy? ¿Por qué no estuvo presente en un día tan importante para ella o para alejarla del miserable de Guillermo Reynolds que pretendía seducirla? —inquirió con rabia y al ver que Lisandro se quedaba mudo continuó— Me importa un carajo ese hombre y me vale mierda el compromiso que tengan, yo he venido por Paula y voy a llevármela —sentenció mirándolo.
—Te sientes muy seguro de ti mismo y das todo por sentado, ¿acaso ya se lo dijiste a ella? me vas a perdonar Pedro, pero la actitud que percibí hoy en Paula Chaves no es la de una mujer que ha recuperado al amor de su vida, sino la de una chica muerta de miedo y que estaba a punto de quebrarse de tanta tensión. En un principio pensé que era por todo esto de la película, pero ahora lo veo claramente, ella no está lista para afrontar lo que le pides…
—¿Desde cuándo eres psicólogo o desde cuándo crees que puedes entender a Paula mejor que yo, si apenas la viste hoy? —preguntó con molestia plantándose frente a Lisandro.
—Primero cálmate y deja de verme como tu enemigo, solo intento hacerte ver las cosas tal cual son, como siempre te estoy protegiendo de que te lleves una desilusión idiota, así que siéntate allí y escúchame atentamente —le ordenó con la autoridad que ser el hermano mayor le otorgaba, lo vio
hacerlo a regañadientes y liberó un suspiro llenándose de paciencia—. Segundo no necesito conocer a Paula Chaves para saber cómo actuará, todas las mujeres actúan de la misma manera cuando se ven presionadas… se van con aquel que le dé más libertad y tú no se la estás dando, por el contrario pretendes presionarla para que se vaya contigo y haga tu santa voluntad… y si ella es como se mostró en el libro te estás ganando un boleto sin retorno para que te mande a la mierda —indicó mirándolo.
Pedro se quedó en silencio analizando las palabras de su hermano, quizás él tenía razón y estaba actuando demasiado de prisa, pero ser paciente no era una de sus mayores cualidades, eso lo sabía bien y Paula también, no podía solo sentarse a esperar.
—Pues no puedo quedarme sin hacer nada, quedamos en vernos de nuevo y cuando lo hagamos le diré todo, le contaré porqué estoy aquí y le pediré que nos demos una nueva oportunidad —mencionó en tono calmado, pero que dejaba clara su determinación.
—Está bien, pero intenta no forzar la situación y evita que todos tus planes se vengan abajo, sabes que yo te voy a apoyar como siempre en lo que necesites. Además me cae bien y sí la conocía, aunque apenas intercambié un saludo con ella hace años… —decía cuando Pedro se levantó como un resorte y lo miró sorprendido.
—¿Cómo? ¿Dónde la viste? ¿Qué te dijo ella? —le lanzó un torrente de preguntas.
—Fue… algo casual, en el Fiumicino —esbozó mientras dudaba en decirle exactamente lo que había sucedido.
—¿Y? —inquirió Pedro impaciente por la actitud de su hermano, algo en esta lo intrigaba.
—Y nada… ella iba saliendo de la sala vip del terminal internacional, al parecer había tomado un par de tragos y no me vio, así que tropezamos, la sostuve para evitar que se cayera, pero sus papeles si lo hicieron, así que los tomé… leí su nombre y me presenté para ser caballeroso —dijo con un tono inocente.
—¿Y eso fue todo? —preguntó Pedro con desconfianza.
—Bueno… puede que haya sido un poco provocador con ella, le sugerí que de haber sido quien llevara el vuelo a América quizás podíamos quedar por tomar algo… —se interrumpió al ver que su hermano cerraba los ojos y tensaba la mandíbula—. ¡No vengas a culparme! Yo no sabía quién era —se defendió.
—¡Claro! Y como siempre debes estar jugando al Casanova con cuanta mujer se te pasa por enfrente —señaló mirándolo con reproche y se pasó las manos por el cabello.
—Bueno, igual ella me puso en mi lugar, le pregunté si algún italiano le había roto el corazón, lo que supuse era cierto por su actitud de despechada, se giró y me dijo que sí, que te hiciera llegar sus saludos —dijo mostrando la misma confusión de entonces.
Pedro se lo quedó mirando primero con rabia, pero al imaginarse a Paula en su pose de altanera dejando a su hermano que se las daba de ser un experto con las mujeres, con un palmo de narices no pudo evitar reír y al fin se relajaba de nuevo, caminó hasta el sillón negro en medio del salón de la suite y tomó asiento.
Lisandro al ver que la tensión de minutos atrás había pasado también se relajó, se puso de pie y se dirigió hasta el bar, miró entre todas las bebidas que se hallaban allí y tomó una de las miniaturas de Jack Daniels. Necesitaba algo que le despejase la cabeza porque sentía que tantas revelaciones lo volverían loco, vació el líquido ámbar en un vaso corto de cristal y le colocó dos cubos de hielo, después de girarlo un par de veces se dio un gran sorbo.
—¿En verdad te hizo esperar tanto? —preguntó tendiéndose en el sillón al recordar la historia que había escrito Paula Chaves, no podía creer que su hermano hubiera soportado todos los desplantes de la americana, al ver que él no respondía continuó—. Iba por casi la mitad del libro y el
protagonista no le había visto ni un pezón, ni siquiera le había tocado nada o le había dado un beso ¡Llegué a pensar que al tipo no le gustaban las mujeres! —dijo y soltó una carcajada.
Pedro intentó ignorarlo en principio, pues sabía lo pesado que podía ser Lisandro cuando se ponía en ese plan, sin embargo, como siempre terminó cayendo en sus provocaciones y le contestó.
—Mi paciencia y mi perseverancia fueron recompensadas, solo eso te diré porque lo demás es parte de mi vida privada que no necesitas conocer —dijo controlándose para no mandarlo a la mierda por burlarse de él con tal descaro.
—Y ni quiero… ya bastante información me diste al respecto, aunque tampoco es que sea nada del otro mundo, todo bastante básico —indicó restándole importancia, pues como siempre deseaba hacerle creer que él tenía mucha más experiencia con las mujeres.
—Paula no plasmó ni la mitad de lo que vivimos en la Toscana —mencionó con media sonrisa que gritaba que escondía mucho tras ella—. Recuerda que ese libro iba a ser leído por su familia y a la larga también por la mía… aunque eso ella no lo supiera —acotó pues sabía perfectamente cuál era el juego de su hermano.
—Pero lo del cumpleaños si fue verdad, porque yo recuerdo haber visto el Fedora en tu casa después que regresaste —mencionó en tono cómplice y dejó ver media sonrisa.
La de Pedro fue mucho más efusiva, tenía los ojos cerrados y la cabeza apoyada en el espaldar del asiento, cuando la imagen de Paula hermosa y sensual en aquel exquisito conjunto de lencería llegó hasta su cabeza un temblor lo recorrió entero, las ansias que ella despertaba en él seguían siendo tan poderosas como tres años atrás.
—Fue uno de los mejores cumpleaños que haya tenido… pero ya es tarde y nosotros no somos quinceañeras que se cuentan sus aventuras amorosas. Levántate de allí y ve a tu habitación, necesito descansar —dijo Pedro poniéndose de pie.
—Estaba entretenida la fiesta de pijama —esbozó sonriendo y se levantó, terminó su trago de whisky antes de ponerse de pie— ¿Qué harás mañana? —lo interrogó caminando hacia la puerta.
—No lo sé, lo más probable es que la gente de la productora no retome las actividades hasta el lunes… y Paula quedó en buscarme —contestó con tono esperanzado ante esa última frase.
—Supongo que desaparecerás todo el día… digo, después de cuatro años separados es mucho lo que tienen que hablar —pronunció con sorna y no le hizo caso a la advertencia en la mirada de Pedro, por el contrario eso lo hizo continuar— ¿Tengo que comprarte otra vez preservativos o trajiste suficientes? —inquirió con malicia y toda la intención de molestarlo, pero estaba feliz por él.
—¡Lárgate de una buena vez! —exclamó lanzándole con fuerza uno de los cojines del sillón.
Éste terminó estrellándose contra la puerta pues su
hermano contó con la agilidad para escapar del ataque, a veces Lisandro era insoportable y se comportaba como
un adolescente, pero debía admitir que su actitud en ese momento lo había divertido mucho y lo agradecía
porque necesitaba de eso para relajarse. Aunque la noche había salido mejor de lo que esperó no podía dar nada por sentado, sabía que tenía una conversación pendiente con Paula y de lo que hablaran dependerían muchas cosas.
jueves, 20 de agosto de 2015
CAPITULO 138
Paula acababa de despedirse de Patricia con un abrazo, cuando Jaqueline se acercó a ella y le entregó su teléfono móvil. Ella aún se sentía confundida por todo lo vivido en la terraza con Pedro, se suponía que se habían encontrado en ese lugar para hablar y poner unos límites, para recordarle que ella era una mujer comprometida y que él también lo estaba. No debían terminar como lo hicieron, en medio de ese beso que aún la hacía estremecer de solo recordarlo, miró la pantalla del móvil de Jaqueline, pero no conseguía enfocarse en lo que éste mostraba.
—Ya sé que todavía te debes sentir entre nubes después de los besos que te diste con el italiano… pero trata de disimular has quedado como una zombi —mencionó Jaqueline con sorna y le señaló con la mirada el aparato para que lo viera—. Te ha enviado un mensaje, no lo he leído pero apuesto lo que quieras a que es para pedirte que se vean de nuevo en el hotel —agregó con una sonrisa y una mirada que desbordaba picardía.
—Pues pierde su tiempo porque no pienso hacerlo, se suponía que debíamos hablar y llegar a un acuerdo… —explicaba mostrándose exasperada cuando la rubia la interrumpió.
—¿Y acaso no lo hicieron? Por lo que vi, ustedes dos se notaban bastante compenetrados y muy de acuerdo en lo que hacían —acotó mientras caminaban hacia la pista donde se encontraban los demás.
—Basta Jackie, ya sé que me porté como una grandísima tonta y que dejé que el traidor de mi cuerpo mandara sobre mi cabeza, pero he recuperado la cordura y sé que no fue una buena idea encontrarme con Pedro en un lugar así, debió ser algún sitio público, un café o en algunas de las áreas comunes del hotel, estando rodeada de personas jamás me hubiera dejado llevar —mencionó sintiéndose avergonzada al recordar lo fácil que cedió ante él.
—¡Qué excusa tan barata Paula Chaves! —exclamó y su amiga la vio horrorizada al pensar que alguien las había escuchado, para su suerte la música y la algarabía ahogó su voz—. Lo siento, pero debes darme la razón, además mira lo que dice el mensaje que me está matando la curiosidad — pidió deteniéndola.
Paula miró la pantalla del teléfono en negro, tomó aire y después lo soltó en un suspiro lento,deslizó el dedo y ésta se llenó de luz, su cuerpo temblor al ver el nombre del remitente, pulsó encima.
De: Pedro Alfonso
Para: Jaqueline Hudson
Asunto: Pendiente
Señora Hudson por favor comuníquele a Paula que aún tenemos una conversación pendiente, me gustaría que la misma se diese hoy. Dígale que la estaré esperando, ella sabe dónde encontrarme. Gracias.
Pedro Alfonso.
Paula se sintió mareada de nuevo y un calor instalarse en el centro de su cuerpo, un encuentro con él en su habitación de hotel era algo inverosímil, si quería mantener su postura no podía hacerlo, eso era tan tentador como peligroso.
—¿Y bien qué dice? —preguntó Jaqueline expectante mirándola.
—Nada —contestó y borró el mensaje sin responder.
—Paula no seas mentirosa, si no dijese nada no lo habrías borrado, por favor no seas cruel conmigo y dime qué quería —rogó.
—Quiere que nos veamos, pero no iré… no es seguro, alguien podría vernos juntos y reconocerlo.Ahora que su rostro saldrá en primera plana de la sesión de espectáculos como el protagonista de Rendición, ya no será un hombre más —dijo y se encaminó de nuevo.
Jaqueline se quedó con ganas de decir algo más e intentar convencerla para que se encontrara con el italiano, pero debió dejar de lado el tema pues ya Paula se hallaba junto a Marcus, Thomas y Guillermo padre, que reían muy animados por el champagne y el éxito que tuvo la presentación de los
protagonistas de Rendición.
*****
Pedro llegó al salón e intentó relajarse, no podía demostrarles a todos cuán desesperado se encontraba por ver a Paula de nuevo. Todo iba tan bien, quizás mucho mejor de lo que hubiera esperado de ese primer encuentro, la manera como respondió a sus besos y sus caricias, cada vez que temblaba entre sus brazos y gemía en su oído mientras sus manos la recorrían. Ella tenía el poder para hacer que su mundo fuera perfecto en un instante; pero tuvo que llegar el miserable de Guillermo Reynolds a arruinarlo todo.
Al fin logró verla y se disponía a ir hasta donde se encontraba cuando fue abordado por un grupo de mujeres que deseaban tomarse algunas fotos con él, éstas se encontraban algo tomadas y sabía que lo mejor para lidiar con ellas era complacerlas posando rápidamente. Así lo hizo sin perder de vista a Paula, cuando al fin se liberó llegó hasta el grupo con la excusa de él también despedirse, debía hacerle saber que abandonaría la fiesta para encontrarse con ella.
Después de una rápida despedida los tres italianos salieron escoltando a las tres bellezas americanas. Guillermo tuvo que quedarse con las ganas de ser quien acompañara a Paula ya que su padre solicitó su presencia junto a él, y Pedro disfrutó de ganarle otra vez la mano, aunque no le dio mucha importancia a eso pues toda su atención estaba centrada en que Paula no se le escapara.
—¿Leíste el mensaje que te envié? —le preguntó en un susurró, mientras esperaban por los autos que los llevarían hasta el hotel.
—Sí —respondió ella llanamente sin mirarlo y caminó para despedirse de Lisandro y Lucca—. Fue maravilloso compartir con ambos —mencionó extendiéndole la mano primero al hermano de Pedro e intentó no temblar, no sabía cuál de los dos la intimidaba más.
—Para mí fue todo un placer Paula —esbozó Lisandro mientras sonreía y de repente una imagen regresó a su cabeza.
Paula notó que la expresión del hermano de Pedro cambiaba, se la quedó mirando como si la hubiera reconocido y eso aumentó los nervios en ella, así que con rapidez retiró su mano de la fuerte y cálida del piloto para ofrecerla al señor Puccini.
—Encantada de haber pasado la velada con ustedes señor… Lucca, perdón es la costumbre — dijo de manera nerviosa.
—No se preocupe, a mí también me cuesta entrar en confianza, digo lo mismo Paula, espero verla pronto.
Ella asintió y se alejó huyendo de la insistente mirada de Lisandro que parecía observarla con mayor detenimiento, quizás había recordado su encuentro en el aeropuerto o cuando hablaron por teléfono. No deseaba exponerse a un nuevo acercamiento con Pedro, pero sabía que si se marchaba sin despedirse de él levantaría rumores, se acercó y le extendió la mano mostrando una sonrisa amable, pero su mirada no mostraba calidez sino tensión.
—Una agradable velada… —decía cuando él la interrumpió.
—Deberías descartar esa palabra de tu vocabulario cuando se trata de los dos —esbozó en un tono bajo y disfrutó del sonrojo que ella le entregó, después habló de nuevo mirándola a los ojos— ¿Dónde nos encontramos? —inquirió sin soltarle la mano.
Ella estaba por responderle cuando llegó su auto y Jaqueline le hizo una seña para que subiera, dio un par de pasos cuando vio que Pedro se adelantaba al valet parking y le abría la puerta, sus ojos se encontraron y la mirada de él hizo que el corazón se le encogiera.
—Yo te buscaré… —mencionó Paula antes de entrar al auto.
Él quedó satisfecho a medias con la respuesta y la actitud de Paula, sabía que debían ser discretos, pero no le resultaba fácil tratarla como a una extraña después de todo lo que habían vivido, sin embargo no le quedaba de otra que fingir, muchos pensarían que siendo actor eso no era complicado, la verdad era una tortura y lo odiaba, vio a la menor de las Chaves acercarse al auto.
—Di, apresúrate por favor —dijo Jaqueline asomándose desde el asiento trasero, pero solo fue una excusa para ver a Pedro, lo sorprendió guiñándole un ojo y entregándole una sonrisa cómplice.
—Ya voy… estos zapatos me están matando, sin duda no hay nada más cómodo que mis botas — mencionó con una sonrisa y se acercó a Pedro para darle un abrazo—. Una fiesta genial, felicitaciones Franco Donatti —dijo mientras sonreía.
—Muchas gracias Diana, será un placer trabajar contigo, que descanses —pronunció él con el mismo gesto de ella.
—Igual tú, Lucca me debe un baile… Lisandro la pasé súper bien, espero lo repitamos en Roma —se despidió de cada uno con la alegría y desenvoltura que la caracterizaba.
Pedro espero a que subiera y cerró la puerta con un golpe suave, después le indicó al chico del valet que podía decirle al chofer que arrancara, aunque eso frustrara sus deseos de tener a Paula a su lado por lo que restaba de noche. No le quedó más remedio que repetirse como un mantra que debía ser paciente y darle su espacio, pero tampoco esperaba quedarse de brazos cruzados por mucho tiempo, menos después de lo vivido esa noche.
El auto llegó por ellos y los tres subieron en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos, incluso Lisandro que hablaba hasta por los codos se mantuvo callado durante todo el trayecto.
Caminaron hasta el ascensor, todo parecía ir normal hasta que llegaron al pasillo donde quedaban sus habitaciones y el mayor de los Alfonso habló.
—Pedro necesito hablar contigo —dijo con semblante serio.
—Lisandro me siento agotado… mejor dejémoslo para mañana, estoy seguro que sea lo que sea puede esperar —contestó con desgano abriendo la puerta de su habitación.
—Esto no puede esperar Pedro Franco… —se interrumpió sintiéndose tan estúpido— ¡Mierda! Si hasta eso está… todo fue tan evidente y yo como un imbécil no lo vi —señaló mirándolo con reproche, se acercó a la puerta y la abrió con la palma de la mano—. Pasa, no me voy a ir de
aquí sin que antes me cuentes lo que te traes con Paula Chaves —sentenció mirándolo a los ojos. Pedro se tensó de inmediato al escuchar las palabras de su hermano, sabía que Lisandro de un momento a otro podría sacar sus propias conclusiones y llegar a la verdad, pero no pensó que eso pudiera suceder tan pronto, lo miró sintiéndose acorralado y como si fuera un chico de trece años al que estaban a punto de darle un sermón.
—Ustedes necesitan hablar, yo me retiro, que descansen —mencionó Lucca para librarse de ese momento de tensión.
—Buenas noches Lucca, duerme bien —lo despidió Pedro.
—Duerme hombre que pareces diez años mayor, ya mañana hablaremos los tres —dijo viéndolo desaparecer y después clavó su mirada en los ojos azules de su hermano—. Entra.
La orden no venía del Lisandro relajado y tranquilo que habitualmente era, sino del hermano mayor que inspiraba respeto y obediencia en Pedro, intentó mostrarse tranquilo y entró cerrando la puerta de la habitación tras él.
CAPITULO 137
Cuando Guillermo llegó al lugar donde le había dicho Diana Chaves que se encontraba su hermana, lo último que esperó ver fue el cuadro ante sus ojos, aunque tenía la ligera sospecha de que algo así podía ser, pues el actor italiano también había desaparecido desde hacía un buen rato, conservaba la esperanza que no estuviera junto a ella.
Se equivocó y le molestó admitirlo, allí se hallaba ese hombre captando toda la atención de la mujer que él se había propuesto conquistar; ya había asumido que debía medirse con Ignacio Howard, pero no con ese recién llegado que por muy talentoso que fuera, no tendría oportunidad con Paula Chaves, ya que era evidente que no era su tipo, por el contrario parecía incomodarla.
—¡Oh, Guillermo! No tenías que haberte molestado en venir, le dije a Diana que ya nosotras estábamos por regresar a la fiesta… Es que necesitábamos un poco de aire y se nos pasó el tiempo escuchando al señor Alfonso hablar de su carrera. Todavía no puedo creer que siendo tan joven tenga tanta experiencia… es algo alucinante ¿verdad Paula? —esbozó Jaqueline con una sonrisa merecedora de un Oscar, mientras se acercaba a él para integrarlo al grupo.
—Es… impresionante en verdad —esbozó ella como pudo.
—Solo es algo que me apasiona y me invita a entregarme por completo —mencionó Pedro mirándola directamente a ella.
Paula tuvo que luchar por no temblar o sonrojarse pues algo le decía que ambos no hablaban de la carrera de él, sino de los besos que acababan de compartir, esos que todavía sentía le quemaban los labios y la hacían desear más y más.
—No ha sido ninguna molestia Jaqueline, yo también necesitaba salir un momento, el ambiente en la fiesta se ha tornado un poco sofocante… ya la mayoría de los invitados ni siquiera recuerdan sus nombres de lo ebrios que están —indicó Guillermo con una sonrisa, queriendo mostrarse relajado, pero no dejaba de mirar a Paula.
—Tienes razón… incluso yo me siento agotada y quizás va siendo hora que regresemos al hotel —señaló la rubia con una sonrisa, mirando de manera disimulada a Paula para que la apoyara.
—Jaqueline tiene razón… ha sido una semana agotadora y yo creo que por hoy ha sido más que suficiente —mencionó ella en tono calmado y pudo ver que Pedro parecía aprobar la idea.
—Las comprendo perfectamente, pero si desean irse a descansar no es necesario que regresen al hotel, puedo enviar a que les acondicionen tres habitaciones y se quedan a dormir aquí esta noche — pronunció mirando nada más a la escritora con una gran sonrisa.
Pedro tuvo que amarrar con cadenas y candados a la fiera en su interior que clamaba por salir y darle una paliza a ese maldito que planeaba seducir a Paula delante de él, apretó la
mandíbula con tal fuerza que no le sorprendería si terminaba desencajándosela, no posó su mirada en ella para no intimidarla pero la mantuvo en Reynolds.
—No me gustaría causar molestias señor Reynolds, y además todas mis cosas se encuentran en el hotel… —decía cuando el rubio la interrumpió mirándola mientras sonreía.
Eso es Paula, recuerda tu cepillo de dientes, no has traído uno y eso para ti es insustituible, además primero muerto antes que dejar que te quedes aquí, confío en ti preciosa, pero no en ese miserable.
Pedro intentaba que su postura estuviera relajada, pero la verdad era que sus músculos estaban tan tensos como la cuerda de un violín, mientras mantenía la mirada fija en el productor.
Intentó disimular un poco su actitud al ver que Jaqueline Hudson le pedía con un gesto que lo hiciera y también al notar que la vista de la hermana de Paula estaba puesta en él, como si lo estuviera estudiando.
—Guillermo, llámame Guillermo por favor Paula, en primer lugar no sería ninguna molestia por el contrario sería un verdadero placer tenerte como mi invitada —esbozó con esa sonrisa radiante.
¿Invitada? ¡Invitada, mis pelotas! Será mejor que te calles si no quieres terminar perdiendo varios dientes.
Los pensamientos de Pedro eran bastante elocuentes, así como el músculo que se contraía en el lado derecho de su mandíbula.
—Y segundo… —indicó Guillermo antes que Paula fuera a poner una nueva objeción—. Podemos enviar a alguien al hotel a buscar todo lo que necesites y problema resuelto, deja que yo me encargue de ello —esbozó triunfante y se acercaba a ella para apoyar su mano en la espalda con toda la intención de alejarla del italiano.
Pedro sintió como la fiera dentro de él asomaba los dientes deseosa de arrancarle la yugular a aquel miserable, pero antes que él pudiera hacer algo vio a Paula reaccionar.
—Perdone usted Guillermo, pero no es necesario que moleste a alguien por nuestra causa, las tres regresaremos al hotel en este preciso instante, gracias por la invitación, pero no podemos aceptarla.
Paula se negó a la petición de Guillermo Reynolds no solo para evitar un conflicto entre Pedro y él, pues ya había notado la ira contenida de su ex amante, sino porque odiaba que tomaran decisiones por ella y que además esperaran que las acataría cual sumisa, el productor estaba muy equivocado si creía que podía tratarla de esa manera, su mirada le advirtió que no insistiera.
¡Allí tienes novato! Sigue deseando imponerle tus acciones y acabarás ganándote todo su rechazo. Comenzaba a extrañar que no hubieras reaccionado, conmigo eras más rápida y mordaz, Paula.
Tuvo que morderse el interior de la mejilla para no sonreír al ver la cara del pobre tipo, parecía como si su linda escritora lo hubiera abofeteado, al fin se relajó al ver que Paula se alejaba para salir de allí dejándolo con un palmo de narices.
—Paula… por favor, disculpe si la he ofendido… —decía caminando tras ella consciente que había actuado muy rápido
—No lo ha hecho en ningún momento Guillermo. Pero me gustaría dejarle claro algo ahora que trabajaremos juntos y debemos ser un equipo. Odio que me presionen y que decidan por mí, no vuelva a hacerlo y le aseguro que nos entenderemos perfectamente… con su permiso, tengo que ir por mis cosas y a despedirme de los demás —esbozó con determinación mirando al rubio a los ojos y un instante su vista se desvió a Pedro que mostraba una sonrisa burlona, a él también le advirtió con la mirada que no abusara de su suerte.
Diana y Jaqueline estaban absolutamente anonadadas ante la reacción que había tenido Paula con el rubio, esa no era la muchacha que ellas conocían, por el contrario era una completamente distinta, pero no para mal sino para bien.
Actuando cuales Ángeles de Charlie salieron escoltándola,
dedicándole apenas una mirada de compasión al productor que se quedó estático mirándola irse.
—Una mujer con carácter —mencionó Pedro sin poder evitar el brillo en sus ojos que delataba la burla.
—Sí, así parece… —contestó Guillermo sacado del trance, se volvió para mirar al italiano—. Justo el tipo de mujeres que pueden enloquecer a un hombre y por las que vale la pena jugárselo todo, ¿no le parece? —inquirió con una sonrisa retadora.
Pedro estaba a punto de responderle cuando Lisandro entró al lugar impidiéndole poner a ese imbécil en su sitio y dejarle en claro que Paula era suya, que si quería seguir conservando la maldita cara de Ken que tenía, que lo mejor era que se alejara de ella.
La rabia en ese momento no lo dejaba pensar las consecuencias que tendría hacer algo así, la fiera de los celos se había antepuesto a su lado racional, y aunque miró a su hermano con deseos de matarlo por interrumpirlo más tarde le agradecería esa intervención.
Lisandro pudo sentir la tensión en el ambiente, y no le fue para nada difícil ver las miradas de reto que los dos hombres se lanzaban, él conocía muy bien a Pedro y sabía que algo en la actitud del americano lo había molestado, así que caminó hasta ellos para fungir de mediador antes que la situación se tornara más difícil.
—Pedro… —se disponía a decir algo pero su hermano lo interrumpió sin mirarlo.
—Estaba por regresar con ustedes, creo que ha llegado el momento de marcharnos, ha sido una gran fiesta señor Reynolds… espero que siga disfrutando de ella —mencionó mirándolo a los ojos.
Y que lo hagas solo imbécil o mejor búscate a alguna incauta a quien embaucar para cogerte esta noche, y olvídate de mi mujer si no quieres lamentar haberle puesto los ojos encima.
—Lo haré… téngalo por seguro, para mí la fiesta apenas empieza, aunque es una lástima que no salió como había planeado pero ya tendré otra oportunidad. Fue grato haberlo conocido Pedro, que descanse —esbozó haciéndole ver que su actitud no le importaba en absoluto, no era más que un actor entre millones que se creían dioses del Olimpo—. A usted también Lisandro, por favor despídame del señor Puccini, yo iré a hacerlo con nuestra hermosa escritora estrella —finalizó con media sonrisa y salió del lugar.
—¡Vamos! —Pedro ni siquiera dejó que su hermano hablara.
Suprimió una maldición cuando vio al hombre salir, caminó dando largas y firmes zancadas para hacerlo él también y buscar a Paula, mientras sacaba su teléfono y tecleaba con rapidez algo en éste.
—Siento que me he perdido de algo —pronunció Lisandro intentando seguirle el paso mientras regresaban al salón.
—Estoy agotado y quiero descansar, eso es todo… ya tuve suficiente por esta noche del glamour de Hollywood —indicó de manera casual mirándolo por encima del hombro.
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