miércoles, 19 de agosto de 2015
CAPITULO 133
Todo el público de pie aplaudía la actuación de la banda que se despedía en ese momento, Paula y Pedro también se unieron a los demás, agradeciendo de esa manera la
distracción, para ganar un poco de tiempo antes de tener que enfrentarse a la ola de especulaciones que seguramente se generó en su mesa, aunque al parecer no había sido solamente en esa, a medida que avanzaba entre los demás invitados, todos les sonreían y les dedicaban miradas cargadas de curiosidad.
—Una gran presentación de Bon Jovi, lástima que tuvieran que terminar tan pronto y que yo no haya tenido la oportunidad para bailar contigo Paula… Debo reconocer que me ganó la mano señor Alfonso —dijo Guillermo viéndolos llegar a la mesa.
De inmediato ofreciéndole una silla a Paula para que ocupara de nuevo su lugar junto a él y evitar que el italiano le robara su atención, no sabía por qué, pero sentía como si él se encontrase empeñado en atraer la atención de ella y no estaba dispuesto a cedérsela, no ahora que tenía una oportunidad de verdad con ella.
—No sabía que estuviésemos compitiendo por algo señor Reynolds, simplemente me nació compartir una pieza con la señorita Chaves y tuve la suerte que ella aceptara, además de un gran placer ya que es una bailarina excelente, muchas gracias nuevamente —esbozó mirando primero al hombre con seriedad y después a ella, a quien le dedicó una sonrisa de esas que deslumbraban.
—No tiene nada que agradecer, para mí también ha sido un placer, pero no deberían ignorar de esa manera a las demás damas presentes, ellas seguramente también estarán gustosas de compartir alguna pieza con ustedes o cualquier otro de los caballeros en la mesa —indicó Paula en tono
serio, de pronto se sintió como una pelota de tenis en medio de esos dos y no le gustó para nada.
—Mi amiga tiene razón caballeros, recuerden que nosotras también estamos aquí —les reprochó Jaqueline mirando a ambos—. Por lo pronto Thomas levántate de esa silla y ven a bailar conmigo… —indicó al tiempo que le extendía la mano al hombre con una gran sonrisa—. Aquello de esperar a que un hombre te invite a bailar se quedó en el siglo XVIII y como yo me considero una mujer de este tiempo, no tengo ningún problema en invitarte, así que vamos —finalizó colocándose de pie y el director la siguió con una sonrisa.
—Bueno señores, en vista que esto es una fiesta y hemos venido a aquí a disfrutar yo me sumo a la petición de la señora Hudson… señorita… — el mayor de los Alfonso se detuvo.
Lisandro habló sorprendiendo un poco a los presentes en la mesa, aunque se había mostrado amable y buen conversador nadie se imaginó que sería uno de los que sacaría a bailar a las damas.
—Señorita Diana ¿Puedo llamarla así? —inquirió primero ante la mirada sorprendida de la chica, ella asintió en silencio— ¿Le gustaría bailar conmigo? —preguntó colocándose de pie.
—Sí, claro… ¿No tiene problema en que lo llame Lisandro? —inquirió con una sonrisa recibiendo la mano que él le ofrecía.
—En lo absoluto, es más estoy en contra de todo trato de señor a un hombre menor de cincuenta años, cuando nos encontramos entre amigos —contestó sonriendo de manera coqueta.
—Me parece genial, entonces usted ahórrese el “señorita” y llámeme solo Diana por favor, ahora vamos antes que nos dejen sin espacio en la pista —dijo ella mucho más animada.
Así uno a uno fue saliendo en compañía de su pareja y aunque a Guillermo no le resultó agradable tener que dejar a Paula a solas con el actor, no le quedó más remedio que hacerlo, pero rogaba en pensamientos que su padre, Kim o Thomas regresaran a la mesa lo antes posible y evitar que el
italiano le ganase de nuevo la partida.
Pedro sentía que al fin el momento de hablar con Paula había llegado, la mezcla de sentimientos que lo había invadido minutos atrás regreso hasta él, respiró profundamente para calmar los latidos de su corazón y enfocarse, sabía que el tiempo una vez más corría en su contra pues de un momento a otro los demás regresarían.
Paula también sentía que todos los nervios que minutos atrás la embargaron regresaban multiplicados, intentaba no fijar la mirada en Pedro, simulando que toda su atención se
encontraba en las personas que danzaban, sin querer ser consciente que justo en ese momento se hallaba sola en la mesa con el actor. Empezó a sentir como que el aire se hacía más denso y el peso de la mirada de él sobre ella le estaba exigiendo que se volviese a verlo, podía sentirlo aunque no lo mirara y su corazón volvió a latir con una fuerza arrolladora cuando al fin sus ojos se toparon con los
azules.
Él le regaló una sonrisa, una de esas que solo le entregaba a pocas personas a las que realmente apreciaba, amplias, verdaderas, de las que iluminaban su mirada. Quería hacerla sentir confiada, alejar de ella toda esa tensión que parecía estar a punto de quebrarla, se disponía a extender su mano
por encima de la mesa para tomar la que Paula tenía apoyada sobre ésta, simulando que alisaba un poco el mantel, era evidente que se encontraba tan nerviosa como él.
—Esta fiesta es grandiosa, ¿no les parece? —escucharon que preguntaba Kimberly acercándose a la mesa.
Ambos se sobresaltaron como si hubiesen sido sorprendidos en alguna travesura, se volvieron a mirar a la mujer que les sonreía y con todo el desenfado que la caracteriza se sentaba de nuevo junto al castaño, para después hacerle seña a un mesero que pasaba junto a ellos con una bandeja repleta de copas de champagne.
Pedro al ser el único hombre en la mesa fue quien recibió las bebidas, le dio una a la actriz, le ofreció otra a Paula y tomó una para él, bebiendo un gran trago para pasar la molestia que le había causado esa nueva interrupción, se había prometido ser paciente, pero no era una de sus principales cualidad, quería levantarse y llevarse a Paula con él a un lugar donde nadie pudiera molestarlos.
—Sí, es una fiesta maravillosa señorita Dawson —contestó Paula que sentía haber sido salvada una vez más.
—Por favor Paula, no me llames de esa manera, es algo anticuado y muy aburrido, además ambas sabemos que no lo somos, dejemos de lado el protocolo y los conceptos que nos impone la sociedad, después de todo tú serás mi mentora para hacer de Priscila Hamilton mi mejor interpretación… estoy segura que seremos grandes amigas —esbozó con una gran sonrisa.
—No lo hago por ninguno de esos motivos, sino porque me parece lo correcto, es el trato que deben darse dos personas que apenas se conocen… —decía cuando la actriz la detuvo.
—Pero… Guillermo y tú apenas se conocen y él ya te llama por tu nombre de pila. Pedirnos a nosotros que te tratemos con tanta distancia cuando él no lo hace es un poco hipócrita, bueno es mi forma de ver las cosas, si vamos a ser un equipo, todos debemos recibir el mismo trato ¿no te parece Pedro? —preguntó volviéndose hacia él con una ceja perfectamente arqueada.
—Me parece que es justo que todos tengamos el mismo trato, eso hará que el equipo funcione como tal. Sin embargo, si no es del gusto de la señorita Chaves que la llamemos por su nombre de pila y que otras personas sí, creo que está en todo su derecho —comentó de manera casual, aunque se notaba que se había tensado.
—No tengo problema en que me llame por mi nombre, solo consideraba adecuado hacerlo de esa manera en tanto nos conocíamos mejor, pero si lo desea puede llamarme solo Paula, igual usted Kimberly, no tengo ningún tipo de preferencia por alguien del equipo en particular —señaló mirando primero a Pedro a los ojos y después a esa mujer que tan mal le caía.
—Perfecto, ahora que ya estamos en confianza ¿Pedro me invita a bailar? Lo hizo con Paula, pero siendo nosotros los protagonistas de Rendición debimos ser los primeros en hacerlo —puntualizó extendiéndole la mano al chico.
—No sabía que ese fuese un requisito estipulado en el contrato, es decir, que debía bailar primero con usted, no soy del tipo de hombres a los que le gustan las imposiciones Kimberly, siempre me he regido por mis propias reglas, sin quitarles el derecho a los demás a establecer las suyas propias y de llegar a un acuerdo que nos deje conforme a todos, me gustaría que lo tuviese claro —expuso serio.
—¡Wow! Te escucho hablar y es como si estuviese en medio de una discusión con Franco Donatti, inquebrantable e imponente como él… ¿Acaso todos los italianos son como el que mostró Paula en su libro? —preguntó intrigada mirándolos a ambos.
—No, solo el que ella conoció… —esbozó el actor sin poder evitarlo y aunque intentó retener sus palabras ya se habían liberado, vio cómo Paula se tensaba y una vez más quiso golpearse, no debía exponerla de esa manera, buscó la manera de arreglar lo que podía terminar en un desastre.
Kimberly no apartaba su mirada del hombre, en verdad era muy apuesto y tenía una especie de magnetismo que la atraía hacia él con fuerza, sabía que la química entre una pareja protagoniza era primordial y aunque una de sus reglas de oro era no involucrarse con sus parejas de trabajo, estaba considerando romperla por él.
Paula sintió su corazón lanzarse en latidos desbocados de nuevo, apenas había logrado sosegarlos un poco y esa declaración de Pedro la puso a temblar una vez más, luchó por no dejar ver que sus palabras la habían afectado y casi se convirtió en una piedra.
—Supongo que debió conocer a alguien que le inspirase para hacer a un personaje tan parecido a la realidad de los hombres italianos, no todos somos idénticos a Franco, pero en su mayoría el hombre italiano tiene ese carácter del demonio que muestra el personaje —explicó sin mucho énfasis, después se colocó de pie y le ofreció su mano a la actriz—. Ya te irás dando cuenta cuando viajemos a Italia y tengas la oportunidad de conocernos a todos mejor, estoy seguro que después de seis meses tendrás tus propias conclusiones —finalizó mirándola.
—Créeme estoy ansiosa por hacerlo, ver qué tanto hay de cierto en todas esas cosas que se supone han hecho del personaje de Franco, el hombre más deseado del momento y tú serás el encargado de enseñármelo —comentó con total desfachatez.
—O bien puedes preguntárselo a Paula, después de todo fue ella quien creó al personaje no yo, pienso que ambos tenemos perspectivas muy distintas del mismo, no es mi trabajo cuestionar la visión de la escritora o la guionista, sino buscar la manera de darle vida al personaje desde mi apreciación del mismo, e intentar que esta sea del agrado del equipo y del público, solo eso — comentó como si no le importase mucho, debía desligarse de Franco tanto como pudiese o volvería a cometer el error de hacía un momento.
—Me gusta y me parece muy interesante su planteamiento, creo que han tomado la decisión acertada al darnos a ambos este protagónico, nos llevaremos muy bien Pedro, bueno pero no hagamos esperar más a nuestro público, que seguro está desesperado por vernos juntos —dijo colocándose de pie.
—Volvemos en un momento Paula, con su permiso —mencionó él viéndola directamente a los ojos.
— No hay problema, vayan a deleitar a su público, después podemos seguir con esta conversación —esbozó de manera despreocupada desviándole la mirada.
Él asintió en silencio intuyendo que quizás había lastimado de algún modo a Paula. No supo cómo manejar la situación, no debía mostrar mucho interés por el personaje de Rendición o podía despertar sospechas, hasta ese instante todo había marchado bien. Pero no sabía por cuánto más
podría resistirse a los deseos que tenía de acercarse a ella para tener mucho más que un baile, cuánto podía aguantar cuando se encontrasen de nuevo en la Toscana.
Paula sentía que poco a poco se adentraba a un mundo para el cual no estaba preparada, o peor aún sería parte de una situación que tal vez no pudiese controlar, cada vez que Kimberly Dawson se mostraba descaradamente interesada en Pedro a ella le hervía la sangre, sentía que una sensación nada agradable se instalaba en su pecho y se creaba un peso en su estómago, algo la presionaba haciéndole difícil respirar, jamás había experimentado algo así y eso también debía agradecérselo, ahora sabía cómo se sentían los celos.
Minutos después cuando Jaqueline regresaba a la mesa después de haber bailado al menos unas cuatro piezas con Thomas Whitman.
—Jackie acompáñame al baño por favor —le pidió después que la viera beberse una copa de champagne de un trago.
—Por supuesto, necesito ir —contestó colocándose de pie.
—Jackie necesito que me ayudes… tengo que hablar con Pedro y no puedo hacerlo delante de todos, tenemos que vernos en un lugar que sea seguro…—decía cuando ésta la interrumpió.
—Por supuesto que no puedes hacerlo delante de todos, eso es obvio. ¿Dónde quieres que sea? ¿Te parece bien una de las habitaciones de invitados? —preguntó con malicia.
—¡Jaqueline no estoy para bromas! —se quejó mirándola.
—Está bien… está bien, era solo una sugerencia, es decir, por la forma en cómo se muestran… — no pudo continuar.
—¿La forma en cómo nos mostramos? ¿Qué quieres decir? —inquirió desconcertada y nerviosa.
—Paula ese hombre prácticamente te come con la mirada y tú... pues, tú estás que apenas puedes resistirte. Claro yo no te culpo, en otras circunstancias y siendo yo, la verdad me hubiera escapado con él, pero como no soy yo sino que eres tú, sé que jamás harías algo así y que toda esta situación te trae con los nervios de punta, entiendo que te sientas intimidada ante la actitud de Alfonso —expuso mientras se retocaba el maquillaje.
—Él no me intimida… —decía y la mirada de Jaqueline la hizo detenerse, dejó libre un suspiro y continuó—. Bueno está bien lo admito, sí lo hace, pero no puedo dejar que me descontrole, tú sabes perfectamente el tipo de desastre que ocurría si nos dejamos llevar, si mostramos más de lo que
debemos…—su tono de voz mostraba su urgencia por tenerlo todo bajo control.
—¿Tienes miedo de no poder resistirte y terminar dejándote llevar? Eso es natural Paula, aún deseas a ese hombre y él te desea a ti de igual manera… creo que todo esto es cuestión de tiempo.
—Jackie no hablo solo de eso, ya sé que el traidor de mi cuerpo se muere por tenerlo cerca, pero créeme lograré resistirme. El problema aquí es otro mucho más grave. Hace un momento la odiosa de Kim Dawson le dijo que era idéntico a Franco, que podía jurar que era con él con quien hablaba, sé que Pedro intentó darle la vuelta al asunto, pero igual terminó diciéndole que seguramente yo había conocido a un hombre en Italia y que me inspiró, si seguimos así vamos a terminar delatándonos —dijo a punto de entrar en pánico.
—Es lo más probable. Estoy contigo nadie debe enterarse de lo de ustedes, al menos no hasta que podamos prepararnos para manejar una situación así, hasta que ambos lleguen a un acuerdo y elaboren una versión que no vaya a perjudicarlos… tienes razón deben hablar ahora mismo —se mostró de acuerdo con su amiga.
—Bien ¿Qué propones? —preguntó sintiéndose aliviada.
—Tiene que ser un lugar donde puedan tener privacidad, pero no tanta para que no vayan a suscitar rumores si alguien llega a verlos, puede ser una de las terrazas, las que tienen vista al jardín parecen ser las mejores, tienen poca luz y no he visto a nadie dirigirse hacia ellas, la fiesta está
concentrada en el lado opuesto —dijo mirándola.
—Sí, lo noté desde que llegamos, bueno ya tenemos el lugar, solo falta hacer que Pedro se entere y llegue hasta éste… claro si logra librarse de Kimberly —esbozó sin ocultar su molestia.
—Yo me encargo de ello y de vigilar por si alguien decide tener también una reunión privada en el mismo lugar —comentó con media sonrisa ante la cara de reproche de Paula.
—¿Qué harás? —la interrogó al ver que sacaba su móvil.
—Voy a enviarle un correo, vi que su agente tenía dos teléfonos y uno de ellos debe ser el de Pedro —contestó al tiempo que posaba sus dedos en la pantalla táctil.
—Jackie espera… ¿Crees que sea seguro? Es decir, si el señor Puccini lee el mensaje podría darse cuenta de todo…—pronunció.
—Ya lo ha hecho y no creo que vaya a exponer a su pupilo de alguna manera, pude notarlo en su expresión cuando el italiano te invitó a bailar y debo decir que él también descubrió que yo estoy al tanto, te juro que intenté disimular mi emoción al verlos juntos, pero no pude… hacen linda pareja — acotó un poco apenada.
—¡Dios! Bueno seguro es un hombre prudente, pero intenta no ser tan explícita en el mensaje, no quiero que se preste para malos entendidos… solo dile que necesito hablar con él urgentemente — señaló rogando para que eso no fuese un error.
—Tranquila, lo enviaré al correo personal de Alfonso para que sea solamente él quien lo vea, intenta calmarte Paula, parece que estuvieras a punto de un colapso —la reprendió con suavidad.
Ella asintió en silencio y respiró profundamente mientras colocaba sus manos bajó el grifo del agua y las dejaba empaparse por completo, miró su reflejo en el espejo y ciertamente lucía trastornada, si quería evitar que alguien se diera cuenta de todo, debía empezar por controlarse, respiró profundamente y contó con los ojos cerrados.
—Listo, ya está… en unos minutos podrán reunirse finalmente, y hablarás con él sin nadie de por medio, ahora vamos antes que te arrepientas —dijo la rubia viendo el terror en la mirada de su amiga.
Salieron del baño saludando a las damas que entraban y se encontraban como la mayoría, algo tomadas, eso podía beneficiar los planes de Paula. Llegaron hasta la terraza y estaban por entrar al lugar pero Jaqueline la detuvo y Paula se tensó de inmediato.
—Espera… —esbozó la rubia mientras detenía a un mesero—. Me da una por favor —le pidió al hombre con una sonrisa, él le entregó una copa de champagne de inmediato con el mismo gesto y le ofreció una a Paula también, la castaña negó con la cabeza—. Ésta es para ti y esa para mí,
muchas gracias señor es muy amable —dijo despidiéndolo mientras sostenía las dos copas.
—No quiero tomar Jackie, me pondrá los nervios peor —señaló.
—Por el contrario, te ayuda a relajarte, vamos tómala —indicó entregándosela, y al ver que Paula le daba apenas un sorbo habló de nuevo—. Bébela toda Paula Chaves y deja de comportarte como una adolescente por favor. ¿Es ésta la imagen que le quieres mostrar a tu ex amante? —preguntó mirándola a los ojos.
Paula negó con la cabeza y terminó la copa de un trago, dejó libre un suspiro y cerró los párpados un momento para concentrarse, obligándose a actuar como la mujer adulta que era.
CAPITULO 132
Ella se quedó mirándolo sintiéndose completamente perdida en esos maravillosos ojos azules, tan liviana y libre que podía asegurar que flotaba, sentía como poco a poco Pedro la envolvía en esa magia que desbordaba, la misma que la había cautivado años atrás, quiso recapacitar y aferrarse a algo seguro, pero lo único que podían tocar sus manos era a él, lo único que podían ver sus ojos era a él.
Sentía todo su cuerpo vibrar ligeramente ante las emociones que iba despertando, quería responderle, pero no encontraba su voz, no podía hacer nada más que mirarlo y sentir que el tiempo se detenía creando un instante perfecto, uno que deseaba fuera eterno.
Él recorría con su mirada el hermoso rostro de Paula, aferrándose a la poca cordura que le quedaba para no amarrarla en un abrazo y saciar sus deseos desesperados de besarla.
La música cesó y ellos se quedaron allí como detenidos en el tiempo, en medio de las parejas que aplaudían el desempeño de la agrupación. Paula sabía que debía alejarse, que debía hacerlo en ese momento antes que fuera demasiado tarde o terminaría haciendo algo que lamentaría más adelante, luchó contra su cuerpo que le pedía a gritos permanecer entre los brazos de Pedro, se obligó a dejar de mirarlo y despacio deslizó la mano que tenían en la espalda de él, se disponía a liberarse de la otra cuando se lo impidió, ella le suplicó con la mirada que la dejara ir Pedro se sintió como un estúpido por presionarla de esa manera, pero no quería separarse de ella, no después de tantos años lejos, de lágrimas, dolores y ausencia, ya no quería seguir esperando, la necesitaba y debía tenerla, deseaba recuperarla. El miedo en la mirada de Paula se hizo casi palpable y cedió aun contra su voluntad.
—Necesito que hablemos a solas —lo hizo en italiano para que nadie más pudiera entenderlos.
—Lo sé… pero no podemos ahora…—decía cuando él la detuvo.
—Tiene que ser esta noche, no voy a esperar más… por favor, Paula —le pidió con la voz ronca por el cúmulo de emociones que lo embargaban.
—Buscaré el momento… te lo prometo —contestó mirándolo a los ojos y esta vez no podía ocultar que temblaba.
Él asintió en silencio y antes de soltar la mano de la escritora de entre la suya, se la llevó a los labios y le dio un suave y prologado beso en ésta mientras la miraba directamente a los ojos, para confirmarle que confiaba en su palabra y también para aliviar un poco la frustración de no poder besarla en los labios como tanto deseaba. Ella asintió en silencio liberando un suspiro ante el gesto de él y reafirmándole una vez más que cumpliría con su promesa.
CAPITULO 131
Minutos después ya todos se encontraban en la mesa, aunque Paula y Pedro hubiesen deseado seguir juntos como minutos atrás, no pudieron hacerlo, ella tuvo que ocupar el asiento junto a Guillermo y a él no le quedó más remedio que hacerlo junto a Kimberly. Ambos fingían que escuchaban la conversación en la mesa, pero se encontraban muy lejos de allí, llevados por las emociones que los recorrían y los recuerdos que los colmaban.
La atención de todos fue captada una vez más por el anfitrión de la velada quien esta vez anunciaba a la famosa agrupación Bon Jovi, como era de esperarse el público estalló en aplausos cuando la misma se hizo presente, evidentemente era una de las consentidas de Hollywood, de inmediato el cantante se adueñó del escenario interpretando algunas de sus canciones más famosas, entre las cuales por supuesto se encontraban la infaltable Always.
—¿Puede haber algo más cursi y masoquista que esa canción?—le preguntó Lisandro a su hermano.
Lo hizo en italiano y usando un tono de voz bajo para que los demás que parecían adorar la canción, pues la cantaban como si se tratase del himno nacional, no lo sacrificaran allí mismo.
Pedro que no la seguía en voz alta pero si en su mente, solo dejó ver media sonrisa ante el comentario de su hermano, pues debía admitir que tenía razón, la letra era todo lo que había dicho, solo que así se sentía el amor y él lo sabía muy bien, ya que desde que la misma empezara, prácticamente se la estaba dedicando a Paula y ella lo descubrió cuando sus miradas se encontraron a mitad del coro.
—Espera un momento… ¿A ti también te gusta? —inquirió de nuevo mirándolo sin poder ocultar su asombro.
—Es buena…—contestó simplemente, sin apartar su mirada de Paula, mientras la banda hacía un solo de guitarra para entrar a la parte más emotiva de la misma.
—Por supuesto, si deseas utilizarla para cortarte las venas Romeo —confirmó con media sonrisa, pero sin salir de su sorpresa.
Paula escuchaba la conversación de los hermanos y la entendía perfectamente, por lo cual dejó ver una sonrisa ante los comentarios de Lisandro, él era exactamente igual a como lo había descrito Pedro cuando hablaron de sus familias estando en la Toscana; divertido, relajado, un adolescente encerrado en el cuerpo de un hombre adulto.
Se volvió para mirarlos y el actor puso los ojos en blanco para que ella supiese que sabía perfectamente lo que pensaba.
La sonrisa en ella se hizo más amplia y hermosa, llegando hasta sus ojos, lo vio responderle de igual manera, su pecho se llenó de calidez y no pudo evitar recordar cuánto amaba verlo sonreír.
La letra de la canción hizo que la mirada de Pedro se llenara de intensidad y esbozara la petición que sus labios no podían hacer en ese momento. Paula sintió su corazón lanzarse a cabalgar desbocado dentro de su pecho, golpeando con tanta fuerza que le agradecía a Jhon por tener esa fuerza vocal, y evitar que todo el mundo allí escuchase sus latidos; se llenó de miedo ante lo que su propia mirada podía responder y la bajó, esquivando la de él.
Pedro dejó libre un suspiro sin preocuparse siquiera por hacerlo en silencio, preguntándose por qué todo tenía que ser tan complicado, por qué ella no terminaba de dejarle ver que se encontraba de la misma manera, deseando tenerlo cerca, que también se moría por estar junto a él, por besarlo, tanto como él la deseaba a ella. ¿O acaso ya no sentía lo mismo? Se cuestionaba llenándose de dudas, pero la voz de su madre pidiéndole paciencia y comprensión lo hizo sentirse confiado.
Sin embargo, no se lo estaban poniendo nada fácil, sobre todo el aventajado de Guillermo Reynolds hijo, que se había instalado al lado de Paula y parecía una sombra tras ella, le sonreía y la miraba como si ella estuviese allí solamente para él, para entretenerlo, apenas tenía horas conociéndolo y ya sentía que lo detestaba.
El grado de tensión llegó a su punto máximo cuando lo vio colocar el brazo por encima del espaldar de la silla que ocupaba Paula, tuvo que hacer acopio de todo su autocontrol para no levantarse y alejarlo de allí de un empujón, pues podía ver que la incomodaba o al menos eso deseaba creer él.
Las notas de una nueva canción inundaron el lugar, esta vez fue la no menos famosa Bed of Roses y una vez más el público estallaba en aplausos y vítores para la famosa agrupación, para después seguirla acompañando a Jon, quien disfrutaba compartiendo con ellos.
—Bueno ésta al menos está mejor, me gusta más… sobre todo por lo de la rubia —esbozó Lisandro de nuevo.
—Sí, seguramente se la cantas a Vittoria cada vez que regresas de un viaje —comentó el castaño con sarcasmo.
—Pues no, la verdad no lo he hecho, pero saltándome algunas partes, bien podría hacerlo — respondió con picardía.
Pedro solo negó en silencio y volvió a sonreír, Lisandro tenía el poder de mejorar su humor en cuestión de minutos, aun así seguía tenso por la cercanía que tenían Paula y el rubio, se devanaba los sesos intentando encontrar la manera de separar a ese hombre de ella, pero no encontraba ninguna que no fuese tan obvia como para terminar suscitando comentarios entre los presentes. Sabía que su acto al entregarle a ella el contrato en lugar de a Martha Wilson no había pasado desapercibido por ninguno y no quería hacer algo más que perjudicara a Paula.
Se encontraba en medio de esas cavilaciones cuando vio que el cantante bajaba y se acercaba hasta la mesa donde se encontraba todo el equipo de producción, su corazón se cerró en un puño y comenzó a golpear contra sus costillas.
Él conocía perfectamente esa rutina, había ido a dos
conciertos de la agrupación y sabía con qué propósito se había bajado Jon Bon Jovi del escenario, ahora lo que no deseaba imaginarse era cuál sería su objetivo en esa mesa.
¡Maldita sea! ¿Me puede estar pasando esto a mí?
Se preguntó en pensamientos cuando el hombre le extendió la mano a Paula con una gran sonrisa y ella se quedó petrificada mirándolo sin poder creer lo que el músico le pedía, sabía que ella también conocía la rutina pues era fan de la banda. Sin embargo, el alivio lo golpeó de lleno cuando vio que quien la recibía era Jaqueline Hudson que se encontraba al lado de la castaña.
—Jon no seas malvado, sabes que ella está comprometida —mencionó la rubia mientras sonreía.
Comenzó a bailar con el cantante que sonreía con picardía y como era de esperarse después de un minuto le daba un beso en los labios, ella lo recibió feliz y fue guiada de regreso por Jon a la mesa.
El cantante antes de alejarse posó una rodilla en el suelo y miró a Paula a los ojos mientras le dedicaba el coro, ella sonreía sintiéndose nerviosa y halagada, sorprendiéndose cuando sintió el beso en su mejilla, se animó y le entregó uno también para después sonreírle.
Pedro sintió que lo había pateado en las pelotas al ver ese intercambio, le importaba un carajo que fuera una simple puesta en escena, Paula era suya y lo jodía que alguien más se creyera con derecho a coquetearle de manera tan descarada. Pero, lo alivió descubrir que Guillermo Reynolds también mostraba cierta incomodidad por la osadía que había mostrado el músico. Eso apenas empezaba, así que tragara bilis desde ya, porque el próximo golpe se lo daría él.
Se dejó de rodeos y juegos de niños, jamás le había preocupado mucho los rumores que se podían crear a su alrededor y si por lo que estaba a punto de hacer encendía la llama, bueno que fuese de una vez por todas, igual él había llegado hasta ahí con el objetivo de reconquistar a Paula y eso haría, así que tarde o temprano los medios se iban a enterar de ello y también el equipo con el cual trabajarían, bueno entonces que fuera desde ese momento, antes que otro llegase a querer quitarle a su mujer frente a sus ojos. Las notas de la siguiente canción empezaron a sonar y por la melodía de las mismas supo que sería la adecuada, sin siquiera analizarlo se colocó de pie.
—Señorita Chaves, ¿sería tan amable de bailar conmigo? —le pidió mirándola a los ojos y extendiéndole la mano.
Tal como predijo la bomba estalló, al menos en su mesa, todos los presentes clavaron sus ojos en él primero y después en ella a la espera de una respuesta.
Paula no podía creer que Pedro se estuviera arriesgando de esa manera ¿acaso se había vuelto loco? ¿O cuántas copas de champagne había tomado? Se preguntaba mirando la mano del actor frente a ella. Esta vez Jaqueline no salió en su auxilio, así que elevó la mirada consciente que él esperaba, ese azul en los ojos de Pedro era tan hermoso y ella lo había extrañado tanto que le habían parecido siglos en lugar de años.
Una vez más su corazón y su cuerpo actuaban por ella, posó su mano sobre la de él quien la encerró de inmediato en la suya y despacio la ayudo a ponerse de pie, para luego salir hacia la pista de baile que para su fortuna estaba ocupada por varias parejas.
Jaqueline y Lucca cruzaron miradas e intentaron disimular lo que era evidente pero fue muy tarde para ocultar que ambos estaban al tanto del secreto que estos dos escondían. Ella no pudo ocultar su sonrisa de satisfacción ante el acto del italiano, empezaba a sentir que ese hombre le caía muy bien, no era de los que se quedaban en un rincón dando las cosas por seguras, no, él salía a defenderlas, a conquistarlas como buen romano que era.
—El escote en tu vestido no me permite tener un lugar decente donde colocar la mano —fue lo primero que le dijo él mientras sonreía y se ubicaba con ella en un espacio de la pista.
Ahora que podía verla de nuevo de cerca, como la tuvo minutos atrás en la sesión de fotografías no podía apartar sus ojos de ella, sentía como si hubieran pasado siglos en lugar de años y al mismo tiempo podía percibir que sus pieles se reconocían, la suavidad y la calidez que solo ella le había brindado estaba allí una vez más, la felicidad lo iba llenando de a poco, más al ser consciente que por ese pequeño instante Paula era suya de nuevo y el temblor de su cuerpo q le decía que ella se sentía igual.
—Culpa de ello a mi agente, fue quien lo escogió —respondió Paula sintiéndose aún aturdida, se esforzaba para que él no notara que estaba temblando o que su corazón parecía una locomotora.
Si el episodio anterior cuando posaron para las cámaras había sido una tortura para ella y había logrado la hazaña de no morir de deseo por Pedro, estaba segura que salir ilesa de ese baile sería casi un milagro. Su calor, su poderosa presencia, su voz, sus manos que parecían quemarla, todo en él la estaba llevando hacia un abismo.
—Tu manager empieza a caerme bien… —respondió de manera casual, al tiempo que le dedicaba una sonrisa.
Con suavidad le acarició la espalda hasta posar su mano en la cintura, poco antes del final del escote, sintiendo cómo la calidez de sus pieles se mezclaba creando un fuego que empezó a inundar sus cuerpos, su necesidad por tocarla no había menguado en todos esos años, por el contrario se
había hecho más intensa. Paula suspiró y él por instinto y deseo la atrajo más a su cuerpo, dejando sus rostros muy cerca, sintiendo el suave aliento de ella en su cuello.
Paula podía sentir la respiración de él sobre su mejilla, podía sentir el calor que le brindaban sus manos, esa sensación de haber hecho eso tantas veces, de que fuese tan natural como lo era respirar, su mano también se deslizó por la espalda de Pedro sintiendo los músculos bajo la suave tela, esos a los que tantas veces se aferró mientras disfrutaba del extraordinario placer que solo él le había entregado. Sintió su cuerpo palpitar ante los recuerdos y tuvo que luchar para no morderse el labio, terminaría demostrándole a él cuánto la afectaba. Lo escuchó suspirar y su corazón comenzó a latir más de prisa y no se atrevía a verlo a los ojos, sabía que si lo hacía estaría perdida, no le importaría nada más que él, solo él y terminaría besándolo allí, en medio de todas esas personas.
—No había escuchado esta canción… —mencionó él prestando atención a la letra, sorprendido al ver cómo podía adecuar ese instante a la perfección.
—Yo sí… —respondió ella, había llegado a conocerlo tan bien que sabía por qué había hecho ese comentario.
—Es hermosa… ¿Cómo se llama? —le preguntó con la voz ronca por las emociones que lo invadían y buscó los ojos de Paula.
—Make a memory… —respondió ella sintiendo que el nudo en su garganta casi la ahogaba, eso la hizo tensarse por tener que contener lo que estaba sintiendo, quería abrazarlo y llorar de felicidad.
Pensó que nunca más lo vería y sufrió tanto por su ausencia que tenerlo allí era sencillamente abrumador, aún no podía creerlo y la letra de la canción solo removía más y más sentimientos dentro de su ser, estaba jugándose la cordura en ese instante.
Él lo notó de inmediato y apretó con suavidad la unión de sus manos para reconfortarla, atrapó con su mirada la de ella y le hizo saber que todo estaría bien, pidiéndole que no se derrumbase en ese momento y mientras luchaba con sus propias lágrimas y con esa emoción que estaba a punto de desbordarlo, el tiempo corría en su contra anunciándoles que debían hablar.
Pero ninguno de los dos sabía por dónde empezar y el silencio los arropó de nuevo, siguieron bailando y escuchando la canción, dejando que poco a poco la misma fuese despertando emociones dentro de ellos, llenándolos como si fuesen un recipiente que había permanecido vacío por mucho tiempo, demasiado a decir verdad.
—¿Quieres? —preguntó él mirándola a los ojos después de un minuto, entendiendo el significado completo de la letra.
—¿Qué? —contestó ella con otra pregunta y una mezcla de miedo y esperanza en la mirada.
—¿Recordar? ¿Robarte un poco de tiempo? ¿Quieres hacerlo junto a mí Paula? —inquirió, aunque era más una petición, una súplica, le estaba rogando por una oportunidad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)