viernes, 14 de agosto de 2015

CAPITULO 118




El día siguiente fue todo lo contrario del anterior para Paula, esta vez la tensión había desaparecido casi por completo, se concentró en su trabajo tomando detalle de cada una de las
actrices aspirantes al papel de Priscila, fue seleccionando con las cuales se sentía más identificada y le provocaban más empatía, pero no debía guiarse solo por ello así que también escogió a dos que aunque no le caían muy bien por desbordar arrogancia y tener el sello de divas, debía reconocer que eran talentosas y habían conseguido cumplir con las expectativas de todos en las pruebas.


Cuando la tarde cayó ya tenían a las cinco actrices la dinámica era que empezarían con los últimos para así ir descartando hasta llegar a los primeros en la lista, los nombres que lideraban la misma eran los de Pedro Alfonso y Kimberly Dawson, esta última era una actriz que recientemente había entrado al mundo del cine, pero que había mostrado un talento tal que muchos directores deseaban tenerla entre sus elencos, la misma había propuesto su candidatura al papel de Priscila, no
tuvo que ser convocada por ninguno de los productores de Rendición, lo que asombro a muchos.


Las pruebas en pareja habían llegado, de nuevo vería a Pedro y esta vez no serían solo unos minutos que pudiese concentrarse en esquivarlo o ignorarlo como fingió la primera vez, ahora debía estar atenta a su desempeño o los demás notarían que algo sucedía, había aprovechado que las pruebas se realizarían después de las diez de la mañana para salir a correr y distraerse.


Apenas había logrado dormir la noche anterior por lo que en cuanto el sol comenzó a asomarse tras las montañas ella ya se encontraba lista para salir, bajó y tomó un taxi del hotel para que la llevase a un lugar menos concurrido que la Olympic Boulevard, necesita encontrar el equilibrio y prepararse para lo que le esperaba; entre la algarabía de los transeúntes y los autos no lo conseguiría nunca. Así que buscó un lugar tranquilo y dio con el Trinity Park, era pequeño pero perfecto y estaba a pocas cuadras del hotel. 


Regresó horas después con la mente mucho más despejada.


—Pensé que habías escapado de vuelta a Chicago —mencionó Jaqueline cuando al fin la encontró en su habitación—. Es la tercera vez que llamo a tu puerta Paula Chaves, no te imaginas lo preocupada que me encontraba, la próxima vez por favor ten la gentileza de avisar o dejar al menos un mensaje en recepción —le reclamó entrando al lugar de punta en blanco como siempre.


—Buenos días Jackie, lo siento, no pensé que te fueses a preocupar, necesitaba correr para organizar mis ideas, ya estoy casi lista solo debo vestirme —aún se encontraba en una gruesa bata de paño blanca, pero ya tenía el cabello arreglado.


Paula corrió hasta su habitación de nuevo, aunque faltaban cuarenta minutos para las diez y no pasaban por ellas hasta dentro de media hora, así que debía apresurarse.


—Lista lo hice en tiempo record, ¿cómo me veo? —preguntó con una sonrisa mientras posaba para su amiga.


—Bellísima como siempre… disculpa mi pregunta, pero. ¿Y ese cambio de ánimo? ¿A qué se debe tanto entusiasmo? —inquirió levantando una ceja y cruzándose de brazos.


—A nada en especial, solo que he decidido tomar prioridades como mencionaste hace unos días atrás, solo actuaré de acuerdo a lo que me haga sentir bien, ya basta de andar llorando por los rincones y lamentándome de todo lo que está sucediendo, desde hace mucho tomé las riendas de mi vida y no pienso perderlas en este momento, tienes ante ti a una nueva Paula Chaves—contestó con tono triunfal y después de eso se retocó el labial.


—¡Vaya! No sé qué decirte, solo que espero que esta nueva actitud se mantenga y sea para mejor amiga, te sienta muy bien la nueva Paula Chaves —esbozó mostrando una sonrisa.


Salieron y en el pasillo se encontraron con Diana, quien se sentía agotada, pues había estado trabajando hasta mucho más tarde con lo de las sesiones de fotografía, pero aún mantenía el entusiasmo, se sorprendió al ver lo animada que se notaba Paula ese día y le hizo bromas referentes a Dylan, intuyendo que el cambio se debía a él.


La verdad era que Paula había analizado las cosas durante su rutina esa mañana en el parque y había llegado a la conclusión que era estúpido estar todo el tiempo bajo pánico, que si Pedro se había mostrado tan casual ella también podía hacerlo.







CAPITULO 117





Jaqueline había llegado hasta la habitación de Paula cerca de las ocho de la noche, deseaba invitar a su amiga a cenar para distraerse, sabía que Paula lo necesitaba después del día que había tenido; en realidad su objetivo era saber de boca de su mejor amiga lo que sentía con respecto a la actuación de Pedro Alfonso durante el casting y el hecho que hubiese quedado como el favorito entre los actores.


No era curiosidad morbosa, solo buscaba que Paula lograse aclarar sus sentimientos, pues la había notado muy perturbada por la presencia del italiano, si lo hablaba tal vez podía ver las cosas con mayor objetividad y no terminar ahogada en un vaso de agua. Aprovecharía que Diana estaba ocupada por la gente de producción en el revelado de las fotos para hablar con total libertad.


—Hola Pau, ¿cómo va todo? —la saludó en cuanto le abrió la puerta después del tercer toque.


—Todo bien, ¿por qué la pregunta? —inquirió de manera automática como si estuviese siendo juzgada.


—Relájate, solo preguntaba por cortesía, no tienes que estar a la defensiva conmigo amiga, sabes que estoy aquí para apoyarte y comprenderte —contestó mirándola a los ojos.


—Lo sé… lo siento Jackie, es solo que tengo tanto peso sobre mi espalda, la responsabilidad del casting, la presión del público pujando por sus favoritos… la presencia de Pedro que lo empeora todo y por si eso fuese poco, también está Ignacio pidiéndome respuestas que quizás no esté preparada para darle y lo más probable es que él tampoco esté listo para escucharlas. Por no mencionar la famosa reunión que hará mi madre cuando regrese y tendrá seguramente por objetivo impedir mi viaje a Italia… que a la larga no sé si me estaría haciendo un bien, pues de quedar Pedro en el papel de Franco, esos seis meses serán una verdadera tortura para mí, si con apenas verlo unos minutos hoy destrozó todos mis nervios, no quiero ni imaginar lo que le haría a mi estabilidad emocional si paso seis meses a su lado —mencionó para que su amiga tuviese una visión de todos los problemas que atravesaba.


—Pau… quizás te vaya a sonar demasiado despreocupado de mi parte, pero creo que te estás ahogando en un vaso de agua… —decía y tal como había imaginado, la miró con reproche—. No, no hagas eso, no me mires como si te hubiese golpeado, hablo en serio… lo primero que debes hacer es tener prioridades y la principal de todas eres tú. Olvídate de tu madre antes que todo, siempre que metes a Susana entre tus cosas terminas haciendo lo que ella dice y no lo que realmente deseas.


—Lo sé, pero me cuesta mucho no ceder ante sus peticiones, y en éste caso creo que lo mejor sería escucharla y seguir su sugerencia…—decía cuando Jaqueline la interrumpió.


—Perdóname, pero lo suyo no son sugerencias, son imposiciones y ella no tiene ningún derecho a limitarte, ni a decidir a dónde vas y a dónde no, esa debe ser una decisión tuya y de nadie más, no eres su clon, eres su hija, un ser completamente independiente —indicó con firmeza y antes de que Paula hablase para refutar sus palabras, elevó una mano deteniéndola con el gesto y continuó—. En cuanto a lo otro, Ignacio tampoco está aquí, no lo tienes tras de ti presionándote por respuestas, no estás obligada a dárselas y si él de verdad te ama debe respetar tu silencio. En verdad no lo entiendo, es el único hombre que desea que su pareja le cuente su pasado amoroso, la mayoría son tan celosos
que ni siquiera quieren escuchar de éste aunque sea por error, ¿o por qué crees que la mayoría de los novios odian a las mejores amigas? Sencillo, porque ellas son como esa caja de Pandora que guarda todos esos oscuros secretos del pasado —acotó con una sonrisa y la mirada llena de picardía, eso hizo que Paula sonriera también. La animó saber que iba por buen camino.


—Bueno ya ves que él no te odia, por el contrario le caes muy bien, seguramente no teme enterarse de mis oscuros secretos del pasado… El problema con todo esto, es que mi pasado ya no es tan pasado, ha regresado y parece estar dispuesto a apoderarse de mi presente, ya ves lo que le mencionó a Di… la verdad no comprendo por qué está actuando así —esbozó dejándose caer en el sillón.


—Es evidente que busca un acercamiento y lo más probable es que lo consiga, de seguir como hasta ahora es casi seguro que se quede con el papel —confirmó tomando asiento en el otro sillón—. Pau es que tú escribiste a ese personaje basándote completamente en él, cada rasgo, cada ademán, sus sonrisas, sus miradas, todo en él está plasmado con tal exactitud que no me sorprende que haya dejado al equipo en un shock total, parecía que apenas le costase actuar, todo le resultaba tan natural —acotó con tono pausado, no quería agregar más preocupaciones sobre su amiga, pero debía ser sincera con ella.


—Fui una estúpida lo sé, pero qué iba a saber yo que Rendición tendría el éxito que tiene, que llegaría a manos de Pedro y que tendríamos la oportunidad de encontrarnos de nuevo gracias a esto de la película —se detuvo llevándose las manos a la cabeza y negó en silencio—. Yo solo quería cerrar con todo, darle un buen final y sentir de esta manera que aunque lo nuestro no pudo ser en el plano real, en el ficticio, en mi mundo, sí fue posible, que allí nos amamos y fuimos felices… ¡Dios, me escucho y me sorprendo! ¿Puedo llegar a ser tan idiota? —inquirió cerrando los ojos y dejando caer su cabeza hacia el respaldo, se sentía tan avergonzada.


—No eres estúpida Pau, solo estás enamorada… —le explicaba Jaqueline con una sonrisa.


Nunca pensó que se emocionaría de esa manera por ver a Paula tan confundida, no es que eso le alegrase, lo que la ponía feliz era ver que por primera vez su mejor amiga parecía haberse enamorado verdaderamente, que encontró a ese hombre que le dio otro matiz a su vida, uno más rico e interesante.


Paula abrió de inmediato los ojos aterrada ante la sola idea de haber sido tan evidente, si lo era así con Jaqueline, lo sería con cualquiera, incluso con Pedro y no podía permitirse eso, sería un completo desastre si él veía cuánto podía afectarla, así que comenzó a negarlo moviendo su cabeza también.


—Bueno, digamos que no estás enamorada de él en estos momentos, pero lo estuviste y eso te hizo plasmarlo de esa manera tan hermosa cómo lo hiciste, lo mostraste de tal modo que no solo tú pudiste ver como es en realidad cuando se enamora, hiciste que todas nosotras también lo viésemos y siendo sincera, que hasta tengamos mucha envidia de ti —comentó haciendo su sonrisa más amplia.


—Tal vez no haya sido así, quizás yo solo lo veía de esa manera porque estaba enamorada, es probable que él hubiese actuado como lo hacía con todas las demás y yo caí creyendo que él sentía lo mismo, cuando no fue así. Para Pedro lo nuestro fue algo igual de casual a todo lo que tuvo antes, nada especial en lo absoluto… ¿Acaso no viste lo relajado que se encontraba? Yo muriéndome por dentro, sintiendo que todo a mi alrededor se estaba derrumbando, que apenas lograba respirar y contener las lágrimas, mientras él se mostraba tan casual, leyendo las líneas con tanta facilidad y aplomo, si de verdad yo hubiese significado la mitad de lo que fue él para mí, te aseguro que no hubiese estado tan tranquilo —se quejó frunciendo el ceño.


—La verdad yo no lo vi tan calmado como tú mencionas, puede que muchos lo hayan adjudicado a los nervios por las pruebas, pero sentía que había algo más detrás de todo eso, además dejó en claro que su principal motivo para presentarse eras tú… aún recuerdo cuando respondió a la odiosa pregunta de Whitman y me siento feliz… “soy fanático de la señorita Chaves”—expuso intentando modular la voz como Pedro, dándole un toque sensual.


—No dijo que fuese mi fanático, dijo que lo era de mi trabajo… —decía cuando Jaqueline la detuvo.


—¡Ah, por favor Pau! No te hagas la tonta que no lo eres, sabes perfectamente que ese hombre te prefiere a ti sobre tus escritos, el tono de su voz cuando dijo “Señorita Chaves” fue muy elocuente, al menos para mí —sentenció mirándola a los ojos para que no se le ocurriese negarlo o decir alguna
estupidez.


—Puede que… que sí haya tenido un matiz diferente al que usó para todo lo demás, pero igual eso no significa mucho, yo lo encontré normal, más si lo comparo con el que utilizaba en otras ocasiones cuando también me llamaba de esa manera… o cuando me decía “Señora escritora” —informó sin notar que estaba hablando de más.


—Ya por favor, suficiente información, ahórrate los detalles que bastante tengo con lo que leí en la novela… No sé cómo voy a hacer para ver a ese hombre de nuevo a los ojos y no imaginarlo en…— estaba por completar la frase cuando Paula la interrumpió.


—¡Jackie basta! —exclamó sonrojándose.


—Pues tú empezaste, así que no te quejes, quién te manda ser tan exhibicionista y colocar todo en un libro —la culpó sonriendo.


—Tampoco fue que lo coloqué todo… en el libro no está ni la mitad de lo que hicimos, de haberlo hecho mi madre hubiese tenido un ataque —esbozó de manera casual, la charla la había relajado.


—¿Quieres decir que el señor Alfonso era mejor amante y más creativo que Franco? —inquirió con interés.


—Mucho más, en el libro describo en términos generales nuestros encuentros, pero en la realidad muchos de los que tuvimos hubiesen escandalizado a mi familia. Bueno al menos a mis padres, a Di le hubiese encantado, Nico me hubiera mirado sin poder creérselo y Walter habría terminado pidiéndome consejos —expuso riendo como tenía tiempo sin hacerlo, los dos tragos de vodka parecían estar haciendo efecto—. Para Pedro eran situaciones normales, pero para mí no, yo tenía un concepto muy distinto de lo que era tener relaciones. Lo que había vivido antes de él era muy formal, una habitación, una cama, sábanas, privacidad, mesura y pasión en su justa medida — explicaba y dejó a su mente viajar en el tiempo, sintiendo que su cuerpo se tensaba añorando todo lo que tuvo.


Jaqueline había apoyado una mano en su mejilla y la miraba entretenida, Paula y ella habían sido confidentes desde hacía mucho y podían hablar de ese tipo de temas sin reservas.


—Con él debía existir la diversidad, no nos limitábamos a un mismo lugar, ni a una hora exacta, no importaba si habíamos estado juntos durante la noche, si al despertar teníamos deseo los saciábamos, si estábamos en medio del campo, en el río… en medio de la cocina, del salón, mientras nos bañábamos juntos, incluso con él cumplí la fantasía de tener relaciones en una piscina… ¡Dios, Pedro me dio tanto! A él me le entregué por completo y hasta rompí mi regla de oro en el sexo…


—¡Paula Chaves! ¿Lo hiciste sin preservativo con él? —preguntó tan emocionada y asombrada como la vez cuando Paula le contó que había dejado de ser virgen.


—Sí… visité una clínica en Florencia y me coloqué un anticonceptivo, le planteé la idea a la ginecóloga que me atendió y ella despejó muchas de mis dudas… además, yo quería experimentar todo con él, me animaba la idea de hacerlo —esbozó en tono cómplice.


—¡Tenemos que hacerle un altar a ese hombre! —exclamó riendo y su mirada de pronto se llenó de picardía—. Y… ¿Experimentaste todo? ¿Tuviste sexo anal con él? —preguntó con naturalidad, como si le estuviera preguntando la hora.


—¡Jaqueline Hudson! —esbozó asombrada ante la pregunta tan directa y al ver que ella solo se encogía de hombros y le hacía un ademán para que respondiera, prosiguió no sin antes sonrojarse—. No, no se dio el momento o mejor dicho no lo buscamos… aunque él me había dejado claro que lo deseaba y yo también lo hacía… pero simplemente no se dio el momento exacto para hacerlo — susurró sonrojada.


—Bueno… eso no es problema, siempre les queda una nueva oportunidad ahora que se han reencontrado… —decía con ligereza.


—Definitivamente te has vuelto loca, se supone que estás aquí para apoyarme y evitar que caiga de nuevo en los brazos del seductor más grande de toda Italia, no para sugerirme que tenga sexo con él y haga todo lo que nos quedó pendiente —le reprochó.


—Paula hay deseos en esta vida que debes satisfacer o de lo contrario vivirás lamentándote por no haberlo hecho —dijo con total convicción y una sonrisa radiante.


Paula se quedó unos minutos reflexionando sobre las palabras de su amiga y encontró en ellas una gran verdad, esa que se negaba a aceptar. Comprendió que lo que sentía por Pedro seguía siendo muy fuerte y solo podía definirse como amor, porque no eran ganas lo que bullía en su cuerpo cuando lo pensaba o peor aun cuando lo tenía cerca como esa tarde. Era deseo, un deseo puro y contundente que le exigía que cediese, que se rindiese a él, pero su parte racional le decía lo contrario y optó por seguir a esta última, al menos mientras pudiese se mantendría en su posición.







CAPITULO 116




Después que Pedro abandonó el salón de pruebas Paula quedó tan descolocada que apenas sí le prestó atención a los demás actores, intentaba concentrarse pues sabía que era una falta de respeto no apreciar sus demostraciones, pero el italiano se metía en sus pensamientos a cada instante desplazando cualquier actitud que pudiese resaltar en los demás actores, y le diese a ella la excusa perfecta para decir que tal o cual lo había hecho mejor que él.


Era consciente que eso sería ser deshonesta, porque nadie lo haría nunca mejor que Pedrosencillamente porque él y Franco eran la misma persona, pero a cada minuto que pasaba sus miedos a lo que pudiera suceder si llegaba a quedarse con el papel crecían. Cuando el equipo le preguntó
sobre los desempeños de los otros actores ella solo atinó a dar su opinión de manera automática, basándose en rasgos generales, no podía puntualizar como hacía antes de ver a Pedro, dejaba que los demás hablasen, limitándose a negar o asentir ante las opiniones de los otros.


No pudo controlar la ola de halagos que recibió Pedro y que fueron lideradas por su hermana, por Martha y Patricia, incluso el mismo Thomas que era tan exigente estuvo de acuerdo con ellas, al decir que la actitud del castaño había sobresalido a la de los otros actores. Y al final se seleccionaron los cinco mejores que quedarían a la espera de las actrices que escogerían de las audiciones del día siguiente, después de eso solo sería cuestión de detallar rasgos específicos en cada personaje y ver qué tanto podían explotar de cada actor para tener a la pareja final.


Paula llegó hasta su habitación completamente exhausta, tanto física como emocionalmente, apenas cerró la puerta se quitó los zapatos dejándolos a un lado sin importarle que ese no fuese su lugar, se despojó de la chaqueta y la colocó en el perchero junto a la puerta, ya después la acomodaría en su sitio y caminó hasta el mini bar del salón, lanzó su cartera en uno de los sillones, se dobló para buscar una botella de agua en la pequeña nevera empotrada en el mueble, pero su vista fue captada por las versiones en miniatura de todas las botellas de licor, las mismas iban desde el champagne, pasando por el vodka, la ginebra, el vino, el whiskey, hasta una versión bastante atractiva de tequila, apartó su mano de las tentadoras botellas y tomó una de agua sin gas.


Se irguió apoyando una mano en la barra y le dio un gran sorbo a la botella, cerró los ojos y nuevamente la imagen de Pedro desbordando seguridad y sensualidad que mostró esa tarde llegó hasta ella haciéndola temblar, su respiración se cortó un instante y su corazón se lanzó en una carrera desbocada, algo en su interior se tensó con fuerza cuando recordó lo mucho que había deseado besarlo. Se estaba esforzando en negar lo que sentía, pero bien sabía que no podía luchar contra eso, él estaba desatando esas viejas sensaciones que creyó nunca volvería a experimentar, lo que sentía era deseo, deseo en estado puro.


Sintió el mismo miedo de esa mañana, necesitaba aferrarse a algo para no terminar siendo arrastrada por la tempestad que él representaba, dejó la botella de agua de un lado y sin analizarlo mucho se colocó de cuclillas de nuevo, tomó una de las botellas de vodka, la abrió y bebió casi la mitad de un trago, el licor seco y fuerte se esparció por todo su pecho haciéndola estremecer mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y empezó a toser.


—¡Oh, Dios! Había olvidado lo fuerte que era… —esbozó con la voz ronca y después tomó aire para recuperar el oxígeno que había desaparecido de sus pulmones.


Cerró los ojos una vez más al tiempo que liberaba el aire lentamente, que salía caliente de su boca debido al calor que provocaba el licor, abrió los párpados y buscó la botella de agua tomándola toda, necesitaba que le ayudase a pasar el efecto del vodka, después de eso se quedó unos minutos viendo a través del gran ventanal la hermosa vista que le mostraba el letrero de Hollywood a lo lejos, mientras era bañado por los últimos rayos del sol de ese día..



*****


Pedro había llegado hacía un par de horas a su habitación, después de satisfacer la curiosidad de Lucca y Lisandro con respecto a su desempeño en las audiciones y declarar que lo más probable era que lo llamasen para hacer las pruebas con las actrices que fueran seleccionadas, se excusó alegando que estaba un poco cansado y se retiró. En su mente no había cabida para nada más que no fuera la imagen de Paula, apenas había logrado despegar sus ojos de ella durante las pruebas, toda su atención fue captada por su preciosa escritora, lucía tan hermosa, tanto como la recordaba, quizás un poco más madura por llevar el cabello corto y en otro tono, ya la había visto así pero en persona el impacto fue mayor, extrañaría esa larga y oscura melena que tantas veces acarició.


La había notado algo distante y seguía asegurándose que ella se estaba portando de manera profesional, que no debía mostrar preferencia hacia ningún actor, aunque durante todo el proceso solo lo miró una vez a los ojos, eso le bastó para sentir que la esperanza crecía en su pecho. Pero no fue suficiente para dejarle un buen sabor de boca, había hecho ese viaje por ella, para verla, hablarle, hasta poder abrazarla aunque eso fuese pedir mucho, él deseaba tener mucho más de Paula, mucho más que solo una mirada y unas palabras de apoyo, esas que ni siquiera esbozó en un tono que él pudiese escucharlo, solo un murmullo y después de eso nada.


—¿O acaso estabas pidiendo que me rechazaran? ¿Es eso Paula? ¿No quieres tenerme cerca y por eso te mostraste tan fría conmigo? De nuevo esos miedos y las dudas, es eso temes que venga a volcar una vez más tu mundo perfecto. Cómo te gusta aferrarte a lo rutinario, cómo te encanta que todo tenga un orden preestablecido, que todo sea tan común y aburrido, pues veremos cuánto me tomará esta vez demostrarte que no estás hecha para eso, que tú puedes dar más, porque sencillamente eres mucho más —susurró dejando ver en el tono de su voz el reproche que le hacía y la seguridad de que él podía hacer que saliera de esa coraza de nuevo.


Aunque de inmediato recordó que no debía presionarla, su madre se lo había dicho varias veces, que quizás ella se encontraba asustada y con razón, la mayoría de las mujeres cuando llegaban a la edad de Paula solo buscaban algo estable y el bienestar para sus vidas, no se permitían arriesgarse, no del tipo de mujer que era la escritora, no cuando toda su vida había estado marcada por cumplir con “el deber ser”, con hacer lo que los demás esperaban de ella.


—Solo dame una oportunidad, una más y te daré la vida que realmente deseas y no la que se supone sería la mejor para ti, conmigo no tendrás lo que debe estar ofreciendo tu flamante novio, yo te ofrezco todo al por mayor y cuando habló de todo sabes que es todo, de extremo a extremo —dijo con determinación.


Trajo de nuevo la imagen de Paula a su cabeza reafirmándose el objetivo que lo había traído hasta ahí. Se había prometido recuperarla y lo haría, juraba que la tendría de nuevo junto a él, a ella y a esa felicidad perfecta que le dio durante su tiempo en la Toscana, en el cual fue tan dichoso y no lo supo, no hasta que lo vio perdido, no hasta que lloró como nunca lo había hecho.


El tiempo era algo que podía jugar a su favor o en contra, si era seleccionado contaría con seis meses para conquistarla nuevamente, regresarían a la Toscana y crearían una vez más su mundo perfecto, bueno quizás no tanto porque esta vez no estarían solos, pero ya se las ingeniaría. Ahora si por el contrario no se quedaba con el papel, su tiempo para recuperar a Paula era más corto, pero no por ello dejaría de intentarlo, lo haría hasta que la esperanza se agotara y por lo que vio en los ojos miel de ella, sabía que estaba más viva que nunca, así como el amor que él le profesaba.






jueves, 13 de agosto de 2015

CAPITULO 115



Luchó para no buscar con la mirada de nuevo a Paula, no quería perjudicarla de algún modo o hacerlo él, podía arruinarlo todo tal vez si descubrían que ellos ya se conocían. Paseó su mirada por el lugar encontrándose con la castaña de ojos azules en un extremo del mismo, ella le dedicó una gran sonrisa y él respondió de igual manera, sentía que la conocía por todas las referencias que Paula le había dado de ella, incluso la sentía como a una hermana también.


—Encantado señorita, Pedro Alfonso  —se presentó.


—Es un placer, señor Alfonso, Diana Chaves… Por favor si es tan amable colóquese frente a esta pared y actué de forma natural —le pidió intentando mostrarse profesional.
Intentando controlar a su corazón que latía con fuerza, ese hombre tenía una fuerza que envolvía, quizás ese azul de sus ojos o lo grave de su voz, su sonrisa, la elegancia que resaltaba en él, lo guapo que era, mucho más que en las fotografías, aunque las pocas que vio ya lo mostraban tan apuesto como ahora. Quizás era su personalidad lo que le había encantado, esa seguridad e incluso la manera en cómo le respondió al director habían hecho que captase su atención, no sabía cómo definirlo o a qué adjudicarlo, pero la tenía completamente cautivada y ya había escogido a su Franco Donatti personal.


—Por supuesto, seguiré sus instrucciones al pie de la letra, por cierto es usted la hermana de la escritora, ¿no es así? —inquirió él.


—Sí, soy su hermana menor, por favor colóquese de perfil —contestó y después le dio la indicación.


—Tiene cierto parecido, aunque sus ojos son claros y los de 
ella no, pero igual de hermosos en ambas —la alagó y ella le dedicó una sonrisa, mientras seguía sacándole fotos.


Él llevó sus manos hasta los bolsillos de su pantalón para darle una pose más casual y después le mostró su otro perfil, no era la primera vez que posaba para unas audiciones y aquí o en Italia, todas eran iguales, ella se tomó su tiempo aprovechando cada ángulo que Pedro le ofrecía y después de unos minutos él habló de nuevo.


—Supongo que ha leído ya el libro, por lo que me dijo el señor Whitman tuve un buen desempeño, pero me gustaría tener su opinión ya que es obvio que su hermana no puede hacerlo, ni el resto del equipo hasta que no tengan las demostraciones de los demás —susurró tomando asiento en la silla que ella le señaló.


—Está en lo correcto, se supone que no debemos hablar de ello y en cuanto a si he leído el libro. Por supuesto lo hice ya tres veces, el personaje de Franco es tan fascinante, los anteriores protagonistas de Pau eran maravillosos, pero este italiano sencillamente no tiene comparación — esbozó respondiendo con una sonrisa a aquella que él le entregó y se sintió un poco tonta, pero rápidamente se enfocó de nuevo en la conversación—. No en vano la novela ha tenido el éxito que tiene, mi hermana verdaderamente se lució con él, es tan real, complejo, tanto que parece mentira cuando se muestra ante Priscila tan vulnerable y sensible, yo particularmente lo adoré y estaría encantada que quien obtuviese el papel le diese la esencia correcta… usted por ejemplo lo ha hecho mejor que todos los que han pasado hasta ahora y bueno ¡Bah! Se suponía que no debía esbozar nada relacionado, pero es solo mi opinión, me encantó su desempeño señor Alfonso—confesó con una sonrisa mientras terminaba.


—Gracias señorita Chaves, aunque sea solo su opinión la valoro muchísimo. Espero no haberla hecho perder mucho su tiempo, dele saludos a su hermana de mi parte y dígale por favor que estoy muy feliz de su éxito y que espero verla pronto —se despidió extendiéndole la mano mientras sonreía.


Ella la recibió sintiendo que ya el hombre le caía bien, no se había mostrado vanidoso ni arrogante como muchos de los otros, tampoco había mostrado un interés desmedido por conocer su opinión o saber si podía ponerlo en contacto con Paula o si podía influenciar de algún modo para que le diesen el papel, por el contrario se mostró bastante casual y relajado.


—Hasta luego señor Alfonso, yo también espero verlo de nuevo —mencionó y después de eso lo vio salir por donde le indicaba la encargada de la organización.


Paula no podía dejar de mirar a cada segundo hacia donde Pedro y Diana se encontraban, se sentía sumamente nerviosa por lo que él pudiera decirle a ella, y hasta se descubrió intentando leer sus labios, pero el tiro le salió por la culata porque terminó deseándolos con la misma intensidad de años atrás, apenas si prestaba atención a la conversación que tenían en la mesa y se centraba en su desempeño, aunque de lo poco que logró escuchar todos eran halagos y venían de parte de las mujeres, incluso le pareció que Jaqueline mencionaba algo sobre los rasgos perfecto de Pedro y su semejanza con el personaje, en ese instante la miró sin saber si reprocharle o apoyarla.









CAPITULO 114




La fuerza de esa sensación que la cubrió entera fue tan poderosa que Paula se sintió presa del pánico y no elevó su mirada para verlo, no podía hacerlo aunque lo deseaba con todas su fuerzas, en ese instante y una serie de imágenes de aquellos días que pasaron juntos en la Toscana desfilaron por su cabeza con tal claridad que era como encontrarse allí de nuevo. Le estaba costando respirar y sabía que era por el nudo de lágrimas que se había formado en su garganta, cerró los ojos e intentó concentrarse pero el latido de su corazón parecía un zumbido y apenas podía controlar el temblor que la recorría, la pluma en su mano se paralizó, todo a su alrededor parecía hacerlo y podía sentir sobre ella la intensa mirada de Pedro.


—Respira… y toma un poco de agua Paula —susurró Jaqueline a su lado mientras le acercaba un vaso de cristal lleno hasta la mitad e incluso pudo ver que la mano de su amiga temblaba.


—Gracias —pronunció en un hilo de voz y dejó caer el bolígrafo para tomarlo, pero de inmediato lo dejó pues temía que su mano trémula no pudiera soportarlo y terminara derramándose encima.


—No hay de qué, ahora intenta calmarte, sé que puedes hacerlo —mencionó con seguridad para darle ánimos, pero su voz sonaba distinta, como si también le costara hablar.


Pedro tuvo que poner todo de su parte para que sus pasos fueran firmes y esconder el temblor que se había adueñado de sus extremidades en cuanto le anunciaron que sería el próximo.


Entró al salón de pruebas guiado por la chica que lo había atendido desde que llegó y su mirada de inmediato buscó a Paula entre los presentes, la encontró en un extremo de la gran mesa de madera pulida y acero.


Su corazón que ya latía emocionado, se desbocó en cuanto sus ojos se posaron en ella y no pudo evitar sonreír. Aunque su imagen no era en ese instante a como él la recordaba, pues se había hecho algunos cambios, seguía conservando esa belleza que lo cautivó y ver que sus labios temblaban despertó el deseo de querer llegar hasta ella para abrazarla y besarla hasta que no pudiera más, sabía que no podía hacerlo pero no estaba de más soñar.


—Bienvenido señor Alfonso.


La voz de una mujer con cabello corto y de un negro azabache, que lo miraba con atención lo sacó de golpe de su ensoñación, se concentró en ella y la miró a los ojos para responderle.


—Muchas gracias, es un placer estar aquí —respondió en un tono de voz que odió pues le salió demasiado flojo y no nítido y fuerte como esperaba, tenía que dejarles una buena impresión.


—Suponemos que es así ya que ha decidido trasladarse desde tan lejos para asistir —indicó Thomas percibiendo que el italiano se notaba algo distraído, se acomodó los anteojos y continuó—. Señor Alfonso como ya debe saber ha sido usted el único italiano en postularse para el papel de Franco Donatti, ¿me podría decir por favor qué lo motivó a ello? —lo interrogó mirándolo fijamente.


Paula escuchaba las voces a su lado y todas le parecían tan lejanas apenas las entendía, ni siquiera pudo distinguir la de Pedro si era que él ya había hablado, era como si hubiese sido envuelta por una especie de burbuja que la alejaba de todo a su alrededor, todo parecía un sueño, tan denso e irreal, pero la burbuja donde se encontraba fue reventada por la voz de Thomas que le hacía una pregunta a Pedro que no le formuló a los demás y era precisamente ésa que la atormentaba desde que se enteró de sus intenciones, el pánico la cubrió de nuevo pues no sabía si estaba preparada para escuchar la respuesta en ese momento.


—Para responder a su pregunta creo que solo bastaría con decirle, que mi principal motivo para venir hasta aquí y hacer las audiciones es que admiro mucho el trabajo de la señorita Chaves, incluso me podía declarar un fanático de éste y al igual que a muchos el salto de género que dio me sorprendió, aunque gratamente cabe acotar, pero sobre todo, creo que el papel de Franco Donatti debe ser llevado por alguien que tenga pleno conocimiento de la obra, de las costumbres y las formas que en ella se manejan… —se detuvo unos segundos para comprobar que tenía toda la atención de los presentes.


El equipo de producción evaluaba no solo las palabras sino también la actitud del actor italiano, no deseaban solo dejarse llevar por su aspecto físico, que obviamente calzaba a la perfección con la del personaje descrito en Rendición, pues hasta ese momento actores apuestos habían visto ya varios.


—Es obvio que un buen actor con el suficiente interés y entrega podría realizarlo sin ningún problema si se compromete a investigar y crear el personaje de tal forma que sea fiel al libro, sin importar que sea o no italiano, pero considero que el carácter innato de los italianos es muy difícil de simular por mucho que se lo estudie —explicó mostrándose completamente calmado, al menos eso aparentaba, ya que se había propuesto dar lo mejor de él.


Pedro se sentía más asustado que en sus primeras audiciones cuando apenas era un chico, su corazón latía tan rápido que estaba seguro que todos podían escucharlo retumbar, pero nada de eso tenía que ver con su interés por obtener el protagónico. Todo tenía que ver con Paula, ella que lucía tan hermosa, sus recuerdos no le habían hecho justicia, ninguno se podía comparar con verla frente a él una vez más, aunque ella no había levantado la mirada para verlo hasta el momento y se notaba lejana, tanto que ni siquiera parecía estar escuchándolo, era como si no lo conociese o al menos lo recordase, eso lo hizo sentir confundido e incluso dolido.


—Tiene usted mucha razón, sin embargo, el origen de un actor no debe limitar su desempeño en cualquier tipo de papel, como acaba de mencionar un buen actor, comprometido con su trabajo bien puede interpretar al personaje que desee… usted es un ejemplo de ello, según leímos en su ficha ha representado a españoles, alemanes e incluso a argentinos, su hoja de vida es, podríamos decir, una de las más completas que tenemos el día de hoy, aun así eso no nos asegura que pueda cargar sobre sus hombros con el personaje de Franco Donatti, ni siquiera por el hecho de ser usted italiano, el talento no depende de una nacionalidad señor Alfonso —mencionó el director del proyecto mirándolo fijamente, había sentido algo de prepotencia en el tono de voz del italiano.


—Soy perfectamente consciente de ello, como dice yo soy una muestra al interpretar personajes cuya nacionalidad no poseo, pero le aseguro que no fue nada sencillo y que quizás a un alemán, un español o un argentino le hubiese calzado mejor, por ello deseo demostrarles que además de ser italiano al igual que el personaje de la señorita Chaves, también tengo el talento para cargar con él, no estoy alardeando solo deseo dejar en claro que hablan con un actor profesional y si no tienen ningún inconveniente estoy dispuesto a demostrárselos —indicó con tono seguro y semblante serio, manteniéndole la mirada al hombre.


Sentía dentro de su pecho una mezcla de rabia y dolor, él había viajado hasta ahí por ella, le había hecho frente a una situación de la que siempre renegó, había sido el objeto de burlas de aquellos estúpidos actores que se creían dioses solo porque han grabado unas cuantas películas en ese lugar, para terminar de arruinar su día el director del proyecto cuestionaba su presencia allí, como queriendo decir que ese no era su lugar, que perdía su tiempo.


Aun así ella se mantenía sin inmutarse, si no podía hablar para no ir contra las órdenes de Whitman, pues sabía lo receloso que eran los directores en ese tipo de asuntos, que al menos le dedicase una mirada, algo que lo hiciese sentirse apoyado y seguro, a no ser que ella no lo quisiese allí y solo hubiese aceptado por sentirse obligada.


Paula sentía que el pecho se le hundía en medio del dolor al ver cómo prácticamente el director le estaba cerrando las puertas a Pedro solo por ser italiano y un actor desconocido
para ellos, estaba sucediendo justo lo que él mencionó durante su discusión, Thomas estaba menospreciando su talento sin siquiera haberlo visto. A los otros les había permitido leer algunas líneas antes de hacer una señal a Martha Wilson la encargada del casting, para que esbozara el famoso “Es suficiente, nosotros nos comunicaremos con usted”


Mientras que a él desde el mismo momento que entró empezó cuestionando el motivo que lo había llevado a presentarse a las audiciones. Sabía que Pedro le había contestado con esa arrogancia que lo caracterizaba, pero nada de lo que hacía era motivo suficiente para que no lo dejase al menos hacer una demostración, en ese momento ella elevó sus ojos solo un instante y pudo ver su hermoso rostro tenso y la rabia contenida en su mirada, pero había algo más, algo que la hizo sentir culpable y miserable.


—Yo deseo escucharlo… ver su desempeño, él ha viajado hasta aquí para demostrarnos que puede con el papel y yo… quiero darle una oportunidad —susurró apenas con un hilo de voz.


No miró a ninguno de los presentes, solo podía verlo a él y desear ponerse de pie para llegar a su lado y abrazarlo, justo en ese instante se dio cuenta que lo había extrañado como a nadie más en su vida, la mirada de Pedro se posó en la suya y todo lo demás desapareció, solo quedó suspendida en el aire esa última frase que en el fondo sabía implicaba mucho más, que había sido casi una sentencia.


—Yo también Thomas, la verdad es que me ha causado bastante expectativa desde el mismo momento que recibimos su solitud para entrar al casting… —agregó Martha mirando al director.


—Cuenta tres conmigo, he visto el material de este chico y la verdad es que tiene mucho talento, habla cinco idiomas… ninguno de los que han pasado por este lugar lo hace, cuando mucho dos y solo uno de ellos tiene conocimiento básico del italiano, ya sé que la película será grabada en inglés, pero creo que sería interesante mantener algunas frases tal y como Paula las plantea en el libro, además que tendríamos al público italiano metido en el bolsillo —señaló Patricia, la guionista que trabajaba con Paula.


—No he pensado en ningún momento en negarle al hombre la oportunidad de enseñarnos de qué madera está hecho, pero necesitaba dejarle en claro que este papel debe ser tomado con seriedad, no quiero que por pensar que es solo moda termine arruinándolo, deseo que Rendición sea un éxito en todos los aspectos y mi principal objetivo es tener actuaciones de calidad y comprometidas —esbozó Thomas suavizando su tono.


Pedro sintió que una luz se encendía dentro de su pecho cuando vio que Paula movía los labios, no pudo escuchar lo que dijo, pero por el semblante de los demás en la mesa, comprendió que lo estaba apoyando, ya empezaba a sentir que solo había llegado hasta ahí para hacer el ridículo y estaba a punto de mandarlo todo al diablo cuando sus miradas se cruzaron y vio tantos sentimientos en esos ojos miel que lo enamoraron, se sintió confundido cuando entre ellos pudo identificar el miedo, no había venido para perjudicarla de algún modo, él solo quería demostrarle que la amaba y que lucharía por hacerla feliz como no lo hizo antes, solo eso. De pronto la mirada de ella se iluminó y aunque no sonreía había algo especial en su mirada que lo llenó de esperanzas, supo que sin importar lo que pasase buscaría la forma de hablar con ella, debía hacerlo, lo necesitaba.


Por decisión unánime la mesa llegó al acuerdo que le darían la oportunidad al italiano de leer algunas líneas y ver qué tan bueno era para representar al personaje más deseado del momento, después de unas palabras susurradas, la encargada del casting, Martha Wilson habló mostrando una sonrisa amable para que el castaño se relajara.


—Señor Alfonso si es tan amable de leer por favor lo escrito en la página ciento treinta y siete del guión en sus manos —le pidió mirándolo a los ojos, para que viese que tenía captada su atención.


Martha había leído Rendición unas tres veces y se sabía casi de memoria las características de los personajes, no solo físicas sino también muchos de sus ademanes, y en esos escasos minutos que había visto al italiano había descubierto al menos tres en él que tenía el personaje de Paula. La seguridad para defender sus ideas, la misma que en ocasiones podía ser confundida con arrogancia, cómo fruncía el ceño y la intensidad de su mirada, por no mencionar ese acento que era tal como había imaginado el de Franco Donatti.


La mujer dejó libre un suspiro, sintiéndose casi como una quinceañera, comprobando que era ciertamente un hombre muy guapo, podía asegurar que incluso el más parecido al personaje de los que habían entrado hasta el momento, eso le gustaba pues no se llevaba muy bien con aquello de moldear físicamente a un actor para un personaje, le gustaba más que luciesen lo más natural posible, pues eso también influenciaba mucho en el desempeño a la hora de actuar.


Pedro buscó la página indicada, pero más o menos sabía a qué escena se refería la mujer, había leído el libro ya varias veces, no para prepararse para el casting sino para revivir su historia con Paula y para buscar indicios más concretos de lo que ella aún sentía por él, quería comprobar si su madre tenía razón, si lo seguía amando. Respiró profundamente para calmar los latidos de su corazón y se concentró en las líneas, solo las leyó una vez y lo demás cobró vida con tanta naturalidad que sorprendió a todos los presentes, a todos menos a Paula.


—“Me encanta que seas una mujer inteligente y que siempre pienses las cosas antes de decirlas, que cuentes con un criterio propio y muy bien formado… —se detuvo un instante posando su mirada en Paula, sintiendo su corazón latir rápidamente y su voz tomó un tinte distinto, más íntimo—. Pero en ocasiones debemos dejarnos llevar, ser menos dogmáticos, más naturales… decirle a nuestro lado racional que guarde silencio y le permita expresarse al otro… ése que me mostraste hoy en la colina, te quiero así, libre y alegre, no te pido que no pienses, solo que no lo hagas con tanto ahínco cuando estamos así, cuando te tenga en mis brazos desnuda y hermosa, te quiero sintiendo, no pensando…” —finalizó sintiendo cómo su corazón parecía galopar dentro de su pecho.


Recordar precisamente ese instante cuando la tuvo entre sus brazos, esa primera entrega que fue maravillosa y tan intensa lo hizo incluso tener que luchar contra su propia excitación y que Dios se apiadara de él pues todo su cuerpo pidió a gritos tener a Paula justamente así, desnuda y hermosa entre sus brazos. Esta vez no hablaba el personaje, lo hacia él, por ello omitió el nombre de la protagonista al final, sabía que eso no representaría un problema pues siguió las líneas sin siquiera mirar la hoja entre sus manos, lo que había dejado a todo el equipo algo asombrado, podía notarlo, sin embargo toda su atención estaba puesta en ella, era Paula quien llenaba su espacio visual.


La respuesta que ella le diese en aquella ocasión retumbó en su cabeza, eso la hizo dejar libre un jadeo apenas perceptible, no pudo evitar que escapase de sus labios, supo que solo Jaqueline fue consciente porque la miró de soslayo, había elevado su vista desde el mismo instante que él comenzó y cada palabra que Pedro dijo se metió dentro de su cuerpo, recorriendo cada espacio, haciéndola temblar, tocándole el alma, el corazón.


¿Por qué justo ahora? ¿Por qué has regresado? No tienes derecho Pedro, no lo tienes… ¡Oh, por favor no lo hagas! ¡No de nuevo!


Pensaba, sintiendo cómo las lágrimas colmaban sus ojos, cerró los párpados bajando el rostro para que él no viese hasta qué grado la había afectado, respiró profundamente para pasar la molesta sensación que le oprimía el pecho y se enfocó de nuevo en su libreta, fingió hacer una anotación al igual que todos los demás.


El resto del equipo se recuperaba de la sorpresa al ver la emotividad y la perfección con la cual el italiano había representado lo que le había pedido Martha, la mayoría ni siquiera se había acercado al deseo que se suponía debía demostrar el personaje, esa mezcla de ternura y exigencia, esa era una de las escenas con mayor carga emotiva de la novela y unas de las que Thomas deseaba plasmar conservando la misma esencia del libro. Después de ver al italiano tuvo que tragarse sus palabras y aceptar que el hombre tenía razón, no hablaba por hablar, sin siquiera tener el papel parecía haberse comprometido a ser un perfecto Franco Donatti.


—Señor Alfonso vaya a la página treinta y ocho por favor, al inicio de la misma y siga el dialogo como si estuviese frente a la actriz que representara a Priscila y ella dijese sus líneas —le pidió Patricia Jitrik, la guionista que había colaborado con Paula.


La mujer se encontraba embelesada con el italiano, le encantó la convicción que mostró en ese pequeño párrafo que leyó, la fuerza y pasión que desbordó en éste, no fueron ni veinte líneas pero ya podía asegurar que tenía ante ella al indicado Franco Donatti, aunque faltaban todavía unos seis actores más por ver Pedro asintió en silencio y sus manos buscaron con rapidez la página que le indicaba la mujer, cuando se detuvo pudo ver que estaba temblando un poco, así que respiró profundamente para calmarse y actuar como un profesional, su mirada se paseó por los diálogos escritos en la hoja y sin poder evitarlo dejó ver una sonrisa.


—“Dar un paseo como hace usted, disfrutar del paisaje, del aire fresco de la mañana, de la vista… —mencionó usando el tono justo que debía emplear, pero no porque lo hubiese planeado sino porque había recordado ese episodio, dejó ver media sonrisa y continuó—. Eso lo dudo señorita, la encuentro a usted mucho más interesante, pero por favor no se interrumpa por mí, continúe… —elevó la mirada y lo animó ver que Paula lo veía atentamente y cuando sus miradas se encontraron intentó disimular su sonrisa, pero ya él había captado ese gesto y su corazón latió mucho más rápido al tiempo que se llenaba de seguridad, respiró y saltó a su parte de nuevo—. ¿La incomodo acaso? —esbozó justo como hiciera en aquel momento y miró a las mujeres frente a él emulando el mismo gesto que usó con Paula, de las cinco en la mesa todas le sonrieron a excepción de la que él deseaba, pero eso más que desanimarlo hizo todo lo contrario porque en aquella ocasión ella estaba furiosa, posó su mirada de nuevo en el libreto—. No disfruto incomodarla, pero no puedo decir que no lo haga intimidándola —esbozó y fue consciente de una risa nerviosa que se le había escapado a alguna de las mujeres, no dejó que lo distrajera y prosiguió— Ni el uno, ni el otro… pero… debe admitir que la pongo nerviosa, siempre está tratando de huir de mí, no ha salido de la casa que ocupa desde que llegué y lo hizo esta mañana muy temprano para evitar un encuentro conmigo, es demasiado evidente señorita Hamilton… ahora mi pregunta es, ¿a qué le teme?”


La voz de Pedro a esas alturas era apenas un susurro, ronco y seductor, que se le dio con toda la naturalidad del mundo porque solo tuvo que recordar aquel episodio, no podía decir siquiera que estuviera actuando y aunque eso lo hizo sentir extraño, no fue para nada incómodo, por el contrario era novedoso pero se sentía bien.


De pronto dejó ver una sonrisa al recordar lo que sucedió después, justo lo mismo que Paula había plasmado en su novela; ahora le resultaba gracioso, aunque en aquel momento lo enfureció. Su mirada la buscó y no le pasó desapercibida la reacción de las demás mujeres que le devolvieron el gesto con complicidad, mientras que la escritora había fruncido el ceño quizás al traer a su mente el mismo episodio.


Paula no se atrevía a mirarlo pero podía sentir que él sí estaba completamente enfocado en ella, también podía adivinar que debía tener esa sonrisa ladeada que tanto le gustaba en ocasiones y en otras la enfurecía, el reto en su voz era tan claro que se sentía realmente tentada a contestar, aunque sabía que aquello era una locura.


Las damas se sentían realmente cautivas ante el despliegue del italiano, mientras los caballeros no podían más que admitir que ciertamente lo había hecho muy bien, la entonación de su voz, su actitud, esa arrogancia y seguridad que eran dos de las principales características del personaje, su don para dominar a una mujer con solo mirarla y hablarle, el hombre parecía tener todo lo que habían estado buscando, por no mencionar lo de su acento que le daba mayor ventaja sobre el resto y aunque el hecho de ser un desconocido en Hollywood podía significar un cuchillo de doble filo, él estaba dejando claro que bien valía la pena arriesgarse y entregarle el papel.


—Señor Alfonso debo admitir que ha demostrado que este papel no le queda grande, como profesional y perfeccionista que me he auto proclamado debo hacerlo, usted nos ha dado una excelente muestra de que puede llevar en buenos términos a Franco Donatti.


Cuando el director esbozó aquellas palabras, Paula sintió que un temblor se instalaba en ella y de nuevo buscó el vaso de agua, pero el líquido apenas tocó sus labios, sentía que tenía la garganta cerrada y le estaba costando un mundo respirar de manera normal, sintió cómo Jaqueline le apoyaba
una mano en la espalda para tranquilizarla, pero no se volvió a mirarla, seguía viendo a Pedro fijamente, quizás estudiando cada una de sus actitudes, ella era muy buena para eso.


Pedro fijó su mirada en Thomas Whitman y asintió, esta vez mostrándose menos altanero, las palabras del hombre habían dejado de lado esa primera impresión que le dio, sabía cuán estrictos y exigentes podían ser los directores, incluso había llegado a odiar a algunos en Italia, pero debía admitir que justamente a cargo de esos había tenido algunas de sus mejores actuaciones.


—Sin embargo, aún quedan algunos actores a los cuales debemos evaluar, además de discutir en términos generales su desempeño, le hemos dado la oportunidad de leer mucho más que a los anteriores, pero eso no asegura que el papel sea suyo, igual quiero felicitarlo por demostrarme que estaba equivocado. Ahora si es tan amable de pasar junto con la señorita Diana Chaves para que le haga unas fotografías, ya la gente de producción se estará comunicando con usted en cuanto tengamos todos los resultados —indicó Thomas mirándolo por encima de los cristales de sus anteojos.


—Gracias señor Whitman, también a los demás miembros del equipo y a la señorita Chaves, estaré esperando su llamada, ha sido un placer, con su permiso —esbozó él acercándose a la mesa a su derecha y dejó sobre esta el libreto.